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El laberinto

Por las descripciones de los textos poca idea podemos hacernos de cómo era el laberinto construido por Dédalo, tan solo que era tortuoso y lleno de encrucijadas. Sin embargo, parece ser que en general lo imaginaban de planta rectangular y con paredes rectas, por lo que podemos inferir de algunas monedas del período clásico (aunque quizá esta estructura fuera por que con un molde recto se acuñaban con más facilidad, debo investigarlo).

Entre los modelos principales que he encontrado hay:

a) Mujer (¿Pasífae?, ¿Ariadna?) con diadema y laberinto de planta rectangular (la más frecuente)

moneda cretense

Knossos, Creta. c. 350-200 a.C.

el laberinto en una moneda cretense

(Abajo parece que pone Knoei, que no tengo ni papa de qué puede significar)

b) Mujer y laberinto en forma de esvástica

Moneda cretense

Knossos, Creta. AR Stater. c. 330–300 a.C.

 

 

c) Europa y laberinto

moneda cretense

Knossos, Creta. c.220 a.C.

 

europa y el laberinto

Knossos, Creta. c.220 a.C.

 

d) Otros: una figura masculina (¿Zeus?, ¿Minos? y un laberinto)

laberinto en moneda cretense

Knossos, Creta.

 

e) Otros: un atípico laberinto de planta circular

laberinto circular

Ática .Tetradrachm

 

Sobre monedas cretenses, en Internet encontré lo siguiente:

Sylloge Numnorum

Wildwings

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La muerte del Minotauro

Desde la muerte de Androgeo, por dos veces cada nueve años salió de Atenas un barco con siete muchachos y siete muchachas rumbo a Creta para ser sacrificados en el laberinto donde moraba el Minotauro. Pero cuando llegó el momento de enviar un tercer contingente, Teseo, el hijo de Egeo, se ofreció voluntario con la intención de poner fin al funesto castigo.

Antes de marchar, acordó con su padre que la nave alzaría velas blancas si volvía victorioso y negras si fracasaba en el intento.

ariadna

  Jhon William Waterhouse. Ariadna (1898)

Ariadna, rodeada de leopardos (quizá en referencia a los que más tarde se encontrará en el séquito de Dionisios) se encuentra en el palacio de Cnosos, al que acaba de llegar Teseo (en el navío que vemos al fondo).

Al desembarcar en Cnosos, capital de Creta, sedujo a Ariadna, una de las hijas de Minos, y la convenció de que le ayudara a cambio de llevársela consigo. Ariadna, enamorada, le pidió a su vez ayuda a Dédalo y entregó a Teseo un ovillo mágico que le permitiría encontrar la salida siguiendo el hilo desenrollado.

Teseo se adentró en el laberinto y, tal vez con una espada, tal vez con una maza, o incluso a puñetazos, terminó con la vida del aciago Minotauro. Luego recogió a Ariadna y partió rumbo a Atenas cuando la noche aún protegía sus pasos [1].

Teseo luchando contra el Minotauro

Teseo luchando contra el Minotauro. Krátera de figuras rojas (c. 470 a. C.)

En muchas cerámicas griegas se suele representar a Teseo a la izquierda sujetando por la cabeza al Minotauro que se encuentra a la derecha. Puede haberle clavado ya o no la espada, pero casi siempre empuña una, lo cual no deja de ser curioso pues en las fuentes suelen decir que lo mató con las manos o con una maza. El Minotauro a veces sujeta una piedra con la mano (recordemos en la Ilíada las pedradas que se metían los héroes cuando no disponían de un arma mejor)

En esta ocasión, el que aparece a la derecha del Minotauro parece ser que es Minos, pero en otras ocasiones se encuentran los muchachos y doncellas que acompañaron a Teseo (ánfora ática, c. 540 a.C., Museum of Fine Arts, Boston):

Teseo y el Minotauro

Además, también hay otras versiones en las que se dibuja una estructura simulando el laberinto (kylix ático de figuras rojas, British Museum, Londres):

teseo y el minotauro

En un ejemplar muy curioso que se conserva en el Museo Arqueológico de Madrid, Atenea acompaña a Teseo (kylix ático de figuras rojas, c. 410 a.C.):

teseo y el minotauro

 

Notas

[1]. Entre las diversas fuentes, valga como ejemplo el siguiente pasaje de Diodoro de Sicilia

«Al cabo de nueve años, Minos se presentó de nuevo en el Ática con una gran flota y recibió los catorce jóvenes que había pedido. Pero dado que Teseo estaba entre los que iban a embarcarse, Egeo acordó con el capitán del barco que, si Teseo lograba vencer al Minotauro, harían la travesía de regreso con las velas blancas izadas, mientras que si moría, lo haría con las negras, según la costumbre que ya había adquirido antes».

»Cuando hubieron desembarcado en Creta, Ariadna, la hija de Minos, se enamoró de Teseo, que se distinguía por su gallardía, y Teseo, después de conversar con ella y conseguir su ayuda, mató al Minotauro e, instruido por ella respecto a la salida del laberinto pudo salir sano y salvo».

Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica (Libro IV, 61)
Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Gredos, Madrid 2004.

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Me perdonará ahora el atento lector que abandone las ensangrentadas llanuras de Troya y, en vez de seguir analizando las Posthoméricas (a las que volveré más adelante), marche hasta Creta para empezar un viaje por uno de los mitos más fascinantes de la Antigüedad: la historia del Minotauro.

1. El mito

1.1. El extraño amor de Pasifae

La historia del Minotauro se remonta a mucho tiempo atrás, cuando Zeus se enamoró de la hermosa Europa, hija de Agénor, y para seducirla se transformó en un toro manso. Europa se subió entonces a su lomo, encandilada por la belleza del animal, y Zeus aprovechó para llevarla hasta las costas de Creta, donde se acostó con ella. De aquella unión nacieron 3 hijos, Minos, Sarpedón y Radamante, a los que el rey de Creta, Asterión, crió como propios.

El rapto de Europa

Hídria. Museo del Louvre, París.

Una de las representaciones más habituales del mito: Europa a lomos de Zeus metamorfoseado en un manso toro cruzando el mar. En otras más tardías, por el contrario, el toro aparece embravecido y Europa, en vez de ir montada sobre el animal, se encuentra flotando a su vera sujetándose a uno de los cuernos (lo que tal vez tendría una connotación sexual si se acepta que el cuerno simboliza el falo del dios) [1].

Europa es raptada por Zeus, que se ha transformado en un manso toro

Ya de jóvenes, los hermanos se enfrentaron a causa de un muchacho llamado Mileto del que se habían enamorado los tres. Como el chico prefería a Sarpedón, el poderoso Minos luchó contra ellos y todos debieron huir de sus furiosos celos. Mileto marchó hasta Caria, donde fundó la ciudad homónima, cuna de grandes pensadores; Sarpedón luchó como mercenario a las órdenes de Cílix y consiguió ser rey de Licia; y Radamantis se exilió a Beocia hasta que a su muerte se convirtió en uno de los legisladores del inframundo, al servicio de Hades.

Mientras tanto, Minos se casó con Pasifae, hija del dios solar Helios y Perseida (una de las hijas de Océano y Tetis), y hermana por tanto de la maga Circe. Juntos tuvieron cuatro hijos (Crateo, Deucalión, Glauco y Andogeo) y cuatro hijas (Acale, Jenódice, Ariadna y Fedra) [2].

Cuando murió Asterión, Minos aspiró a ser rey de Creta y para justificar sus pretensiones aseguró que así lo preferían los dioses. Como prueba, dijo que los dioses le concederían cualquier deseo y le pidió a Poseidón, señor de los mares, que le entregara un toro para sacrificarlo. El dios consintió a sus deseos y del mar salió un espléndido toro.

Minos se quedó maravillado ante la belleza del animal y, en vez de sacrificarlo, lo guardó entre sus rebaños [3]. Molesto ante semejante afrenta, el soberano del mar le castigó insuflando a su esposa Pasifae una pasión desenfrenada por el toro sagrado. Para satisfacer su deseo, la reina pidió ayuda a Dédalo, un genial inventor que acababa de llegar a Creta desde Atenas huyendo de un horrible crimen.  

A Dédalo, genial escultor, artífice de autómatas y estatuas que parecían casi vivas, apenas le costó esfuerzo construir un artefacto con el que engañar al toro: una vaca de madera en cuyo interior se escondió la reina. Al ver la estatua abandonada en un prado, el animal cayó en el engaño y dio rienda suelta a su natural fogosidad. Pasifae aplacó así su deseo, pero no calculó bien las consecuencias pues unos meses después dio a luz a una bestia mitad hombre mitad toro: el Minotauro, al que llamaron Asterión.

Alertado por unos oráculos, Minos no se atrevió a matar a la extraña criatura y le pidió a Dédalo que construyera un lugar donde albergarle lejos de cualquier mirada humana. Dédalo se puso manos a la obra y diseñó un intrincado laberinto de piedra en el que vivió desde entonces el Minotauro [4].

Pasifae y Dédalo

Dédalo le muestra su vaca artificial a Pasifae.

Fresco de Pompeya (Nápoles).

Notas

[1]. Un análsisis muy interesante sobre la representación del rapto de Europa en la Antigüedad es el artículo de G. López Monteagudo y M. P. San Nicolás Pedraz: El mito de Europa en los mosaicos hispano-romanos. Análisis iconográfico e interpretativo.

El otro modelo básico de representación, con Europa agarrada al cuerno del toro, lo vemos por ejemplo en esta vaso griego de figuras rojas (c. 490 a. C.) que se conserva en el Museo Nazionale Tarquiniese (Tarquinia, Italia).

Europa y Zeus

[2]. Linaje de Minos (principales personajes mencionados en esta exposición)

linaje de Minos

[3]. El toro del mar

Según algunas versiones, este toro sagrado, magnífica bestia de color blanco que despedía fuego por las fosas nasales, aún protagonizó otro par de episodios dignos de mención. Una de las doce tareas que Euristeo le encargó a Heracles fue traerle, precisamente, el toro divino. Minos le dijo que podía llevárselo si era capaz de capturarlo, lo cual no le costó demasiado al infatigable héroe. Luego, se lo llevó a Grecia, tal vez, montado a su lomo para cruzar el mar. Euristeo quiso sacrificar el toro en honor de Hera, pero la celosa diosa no aceptó el presente al provenir de su odiado Heracles y el héroe lo dejó marchar en libertad.

El animal vagó entonces a sus anchas hasta que llegó a la llanura de Maratón, en el Ática, donde sembró el terror entre los paisanos hasta que fue capturado y sacrificado por Teseo.  

De alguna manera, se cierran así dos círculos: el iniciado por el viaje de Europa a lomos del toro en que se había metamorfoseado Zeus y el de las funestas consecuencias derivadas del sacrificio hurtado a Poseidón. Teseo, no solo pone fin a la vida del Minotauro, sino también cierra la herida que había provocado Minos al haberse quedado con el toro destinado al sacrificio.

Heracles y el toro de Creta

Heracles y el toro de Creta.
Kylix ático de figuras rojas (c. 510 a. C.). Tampa Museum of Art, Florida (Tampa 86.85)

[4]. Fuentes

Lo narrado hasta este momento puede leerse, por ejemplo, en el Libro III de la Biblioteca mitológica:

2. «Asterión, soberano de los cretenses, se casó con Europa y crió a sus hijos. Cuando ellos llegaron a la edad adulta riñeron entre sí, pues ambos estaban enamorados de un muchacho llamado Mileto, hijo de Apolo y de Aría hija de Cléoco. Como el muchacho sintiera mayor inclinación por Sarpedón, Minos entabló combate y resultó vencedor, los otros huyeron, Mileto arribó a Caria fundando allí la ciudad de Mileto a partir de su propio nombre y Sarpedón, a cambio de una porción de territorio, combatió en las filas de Cílix, que mantenía una guerra contra los licios y llegó a ser rey de Licia. Zeus le concedió vivir a lo largo de tres generaciones.

»Sin embargo algunos afirman que ellos estaban enamorados de Antimnio, hijo de Zeus y Casiopea, y que por su causa riñeron.

»Radamantis legisló para los isleños y, tras exiliarse de nuevo a Beocia, desposó a Alcmena; desde su a paso a la otra vida administra justicia en el Hades junto con Minos. Éste, establecido en Creta, redactó leyes y desposó a Pasífae, hija de Helio y Perseide; no obstante Asclepiades dice que desposó a Creta, la hija de Asterio, engendró hijos, Crateo, Deucalión, Glauco y Androgeo, e hijas, Acale, Jenódice, Ariadna y Fedra; y de una ninfa paria tuvo a Eurimedonte, Nefalión, Crises y Filolao; y de Dexítea a Euxantio.

3. »Al morir Asterión sin descendencia, Minos pretendió reinar en Creta, pero se topó con resistencias a sus pretensiones. Aseguraba que había recibido el trono de los dioses y para que se confiara en él, afirmaba que sucedería lo que el pidiera. Cuando se hallaba ofreciendo un sacrificio a Poseidón, le suplicó que apareciera de las profundidades marinas un toro y le prometió que lo sacrificaría en cuanto apareciese. Poseidón hizo aparecer un magnífico toro y Minos consiguió así el reino, pero envió el toro con sus rebaños y ofreció otro en sacrificio.

»Minos fue el primero en detentar el dominio marítimo y extendió su poder sobre casi todas las islas. Irritado con él Poseidón por no haberle sacrificado el toro, lo volvió salvaje e hizo que Pasífae concibiera por él un amor apasionado.

»En su amor por el toro, contó con la complicidad de Dédalo, que era arquitecto y había huido de Atenas por un asesinato. Éste construyó una vaca de madera con ruedas, la ahuecó por dentro, la recubrió con la piel de una vaca que había desollado y, colocándola en el prado en el que el toro acostumbraba a pacer, introdujo dentro de ella a Pasífae. Cuando el toro llegó, yació con ella tomándola por una vaca de verdad.

»Pasífae parió a Asterión, llamado Minotauro, que tenía el rostro de toro y el resto humano. Minos, en atención a ciertos oráculos, lo encerró dentro del laberinto y lo mantenía bajo custodia. El laberinto, construido por Dédalo, era un edificio que hacía equivocarse en la salida con sus intrincados pasadizos».

Traducción de Julia García Moreno. Alianza, Madrid, 1993.

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