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Posts Tagged ‘Dédalo’


Por diversos indicios podemos suponer que el personaje mitológico Dédalo está vinculado con el mundo de los herreros y que, probablemente, viajó con ellos a medida que se fueron extendiendo los metales por Europa. Además, conocemos por lo menos un caso seguro en el que se identifica a Dédalo con Völundr (o Wieland) el dios escandinavo de la metalurgia (el mito de la Völundr hus).

Hay otro caso en el que se advierten semejanzas entre Völundr y Dédalo. Se narra en una antigua leyenda escandinava conocida como El cantar de Völundr (Volundarkviđa), que se recoge en el Edda Mayor, una recopilación medieval de poemas escandinavos cuya antigüedad se remonta a siglos atrás.

Según esta leyenda, el rey de los lapones tenía tres hijos que se dedicaban a esquiar y cazar animales. El primero se llamaba Slágfid, el segundo Égil y el tercero Völundr. Durante sus viajes llegaron a Ulfdálir («Los valles del lobo») y construyeron allí una casa.

Una mañana descubrieron en la orilla de un lago cercano a tres mujeres con apariencia de cisne que estaban hilando lino. Eran valkirias y el que estuvieran tejiendo lino las relaciona con las nornas (1). Dos de ellas eran hijas del rey Hlódver: Hládgud Svánhvit («la blanca como el cisne») y Hérvor Álvit («la llena de ciencia»); y la tercera, Olrin, era hija de Kiar el de Válland (2). Cada hermano tomó por esposa a una mujer cisne: Slágfid se casó con Svánhvit, Égil con Olrin y Völundr con Álvit.

Después de siete años viviendo juntos, las mujeres cisne sintieron nostalgia de las tierras del sur desde donde habían llegado y se fueron volando. Los dos hermanos mayores se fueron en su busca, pero Völundr se quedó en Ulfdálir con la esperanza de que su esposa regresara algún día. Para regalárselo cuando volviera, talló un collar magnífico formado por 700 anillas de oro.

Cuando Nídud, el rey de Suecia, se enteró de que existía un collar tan espléndido mandó a sus hombres que se lo trajeran. Aprovechando que Völundr había salido de su casa, los soldados entraron y encontraron el collar. Sin embargo, no se atrevieron a robarlo y se limitaron a llevarse una anilla. Al regresar, Völundr se dio cuenta de que faltaba una anilla pero pensó que, ya de vuelta, se lo habría llevado su mujer Álvit. Mientras la esperaba, se quedó dormido y los soldados le aprisionaron.

Para impedir que huyera, Nídud ordenó que le cortaran los tendones y que lo abandonaran en un islote enfrente de la costa llamado Sevarstad («El enclave del mar»). Además, se quedó con su espada y dio la anilla de oro a su hija Bódvild.

Tan solo el rey se atrevía a ir hasta Sevarstad, donde Völundr permanecía prisionero fabricando todo tipo de piezas valiosas. Pero Völundr no se dio por vencido. Durante las noches, construyó unas alas y realizó unas alhajas que atrajeron la atención de los dos hijos de Nídud. Los hermanos fueron en secreto hasta el islote y Völundr aprovechó que estaban mirando embelesados el interior de un arca para cortarles la cabeza. Con sus cráneos talló dos copas recubiertas de plata y se las entregó al rey; con sus ojos, piedras preciosas que envió a la reina; y con sus dientes, broches preciosos que regaló a Bódvild. Luego arrojó sus cuerpos al foso del palacio de tal manera que solo sobresaliesen sus piernas y todos pensaron que los niños habían muerto al caer por descuido.

Días después, a Bódvild se le rompió la anilla de oro y fue hasta el islote para que Völundr la arreglase. El herrero se mostró muy cordial. Le ofreció un vaso de cerveza, Bódvild bebió confiada y cayó dormida víctima de un narcótico. Völundr aprovechó para violarla, dejándola embarazada, y luego salió volando con las alas que había construido.

Antes de irse, se acercó al palacio de Nídud y, a cambio de que le prometiese que no haría daño a Bódvild, le contó la terrible verdad sobre la muerte de sus hijos mientras se marchaba volando entre carcajadas.

Como vemos, las desventuras de Völundr recuerdan a las de Dédalo en Cnosos. Algunos parecidos y diferencias son:

a) Dédalo también debía trabajar para Minos, aunque llegó a la isla por su propio pie, exiliado de su Atenas natal por el asesinato de su sobrino Pérdix.

b) Cuando descubrió que había ayudado a Ariadna y Teseo, Minos encerró a Dédalo en el laberinto, que equivaldría al islote de Sevarstad.

c) Völundr se muestra mucho más cruel que Dédalo, pero hay que tener en cuenta que entre los vikingos la venganza violenta no estaba mal vista. Cuando no podían o querían llegar a un acuerdo económico que compensase las pérdidas, era normal que las familias se enfangasen en largas venganzas durante años.

d) Aunque esta coincidencia no parece relevante, Völundr y Dédalo tienen un hijo en la corte del rey: Völundr con Bódvild, sin su consentimiento, y Dédalo con Náucrate, una esclava de la que no sabemos nada más que fue la madre de Ícaro.

e) Nídud mutila a Völundr, mientras que Minos se limita a encerrar a Dédalo sin hacerle daño. Sin embargo, el dios de los herreros Hefesto, que guarda una estrecha relación con Dédalo, sí que se había quedado cojo desde que Zeus lo despeñó desde lo alto del Olimpo. De todas maneras, en general, los personajes mitológicos vinculados con el mundo de los herreros suelen ser cojos, lo cual quizá esté relacionado con la costumbre de lisiarlos para que no se fueran a otro lugar.

f) Pero el parecido más importante es que los dos destacan por sus habilidades artesanas y su ingenio, y que escapan volando de sus respectivos captores, unos reyes tiránicos e injustos (3). Es improbable que esta similitud sea fruto de la casualidad.

Por lo tanto, parece que Völundr y Dédalo presentan las suficientes semejanzas para pensar que están relacionados. Sin embargo, no está claro el origen de este nexo. ¿Derivan ambos de un dios de los herreros que se extendió por Europa durante la incorporación de los metales? ¿Adaptaron los germanos algunos pasajes del mito de Dédalo a su propio dios de los herreros cuando entraron en contacto con los romanos? ¿Se produjo esta confusión durante la cristianización de Escandinavia, hacia el siglo XI, cuando gracias a los monjes cristianos se empezaron a conocer los mitos griegos?

Para responder esta cuestión, dada la escasez de textos sobre Escandinavia y los germanos antes de la llegada del cristianismo, debemos acudir a la arqueología y ver si existe alguna representación de esta historia de Völundr que nos permita situarla en alguna época.

La representación más antigua que conozco se encuentra en un fragmento de la llamada piedra Ardre VIII, una piedra tallada con dibujos e inscripciones vikingas datada entre los siglos VIII y IX. Esto significa que la conexión entre Völundr y Dédalo puede remontarse, cuanto menos, hasta época vikinga: ¡fascinante!

Arder

Fragmento de la Ardre VIII. Swedish Museum of National Antiquities. Estocolmo. De izquierda a derecha vemos a Bódvild, luego a Völundr con sus alas, su herrería y, por último, los dos hermanos muertos.

Notas

1. Según el Edda Menor, había tres nornas principales relacionadas con los seres humanos –Urd, Verdandi y Skuld–, pero además había otras nornas de las familias de los dioses, de los seres humanos, de los elfos y de los enanos. Parece ser que los vikingos creían que todo el mundo tenía asociado una norna, que podía ser buena o mala, que tejía su destino al nacer.

2. Luis Lérate señala la posibilidad de que este nombre estuviera relacionado con César el de la Galia.

3. En la Historia de los reyes de Britania, escrita hacia el año 1130, el obispo galés Geoffrey de Monmouth menciona otra persona habilidosa que se construyó unas alas, el mítico rey Bladud, aunque en su caso el intento de volar terminó fatal:

«Este Bladud fue un hombre extremadamente ingenioso e introdujo las artes mágicas en Britania. No dejó de llevar a cabo prodigios hasta que, habiéndose fabricado unas alas, trató de levantarse por los aires y cayó sobre el templo de Apolo, en Trinovanto, haciéndose trizas».

Curiosamente, Bladud, cuyo nombre recuerda al de Dédalo, también destacó por sus labores de ingeniería hidráulica (recordemos que Dédalo construyó una piscina y unas termas en Sicilia):

«Sucedió a Hudibrás su hijo Bladud, que gobernó por espacio de veinte años. Construyó la ciudad de Kaerbadum, que ahora se llama Bath, e instaló en ella termas de uso público bajo la advocación de Minerva, en cuyo santuario dispuso fuegos inextinguibles que no se convertían nunca en cenizas, sino que, cuando empezaban a consumirse, se volvían bloques de piedra [¿lava?]».

(Traducción de ambos fragmentos de Luis Alberto de Cuenca y Prado en Alianza Editorial, Biblioteca Artúrica).

4. El cantar de Völundr puede leerse en la traducción de Luis Lérate. Edda Mayor, Alianza Editorial, Madrid, 1986.

* Artículo publicado originalmente en www.mmfilesi.com

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La muerte de Minos

Dédalo siguió huyendo hasta que llegó a Sicilia, donde se refugió en la corte del rey Cócalo, en Acragante. Minos, mientras tanto, había zarpado al mando de su flota y deambulaba de isla en isla preguntando si alguien le había visto. Para encontrarle prometió una gran recompensa a quien fuera capaz de atravesar una tortuosa caracola con un hilo, pues sabía que problema tan complicado solo lo podía resolver alguien con el talento de Dédalo.

En efecto, cuando llegó al palacio de Cócalo, el rey le dio a escondidas la caracola a Dédalo y el inventor consiguió atravesarla con un hilo que había atado a una hormiguita, la cual pudo pasar por todos los recovecos. Habían caído en la trampa: en cuanto Minos vio la caracola enhebrada exigió que le entregaran a Dédalo.

Descubrir a alguien escondido mediante una argucia que revele su verdadera naturaleza es algo recurrente en los mitos griegos. Así de memoria, recuerdo a Aquiles, que se había escondido con las mujeres para no ir a la guerra de Troya, pero que fue descubierto al escoger una espada entre diversos presentes, y a Odiseo, que tampoco quería ir a la guerra y se fingió loco, arando errático los campos, hasta que pusieron delante del arado a su hijo Telémaco. El mecanismo parece similar: los dos héroes se esconden en mundos opuestos a su naturaleza (las mujeres en el caso del gallardo y viril Aquiles; y la locura en el del sabio e ingenioso Odiseo), pero un elemento propio de ambos –la espada y el amor por su hijo– disipa el engaño.

En el caso de Dédalo ocurre algo similar. Encuentra la salida, mediante un hilo (igual que el entregado a Ariadna y Teseo), del microlaberinto que forman las oquedades del interior de la caracola. Pero ahora volvamos a Sicilia para saber cómo terminó la historia.

Impertérrito, Cócalo le felicitó por su argucia y le invitó a tomar un baño de agua caliente en compañía de sus hijas. A Minos, amante pasional, no hacía falta decirle mucho más para convencerle de que Dédalo podía esperar. Lo que sucedió a continuación no se sabe con certeza, pero parece ser que las hijas de Cócalo aprovecharon para escaldarlo vivo y, todo sea dicho, la verdad es que no se me ocurre una manera más infame de morir en el mundo griego. ¡En vez de morir luchando en épica batalla, Minos cayó a manos de unas pícaras adolescentes mientras se daba un baño! (Sobre el papel ridículo de Minos volveré más adelante cuando analice el mito).

Cretenses en Sicilia

Mientras tanto, aprovechando que los soldados de Minos habían acompañado al rey hasta el palacio de Cócalo, los sicilianos quemaron las naves de los cretenses. Cuando más tarde Cócalo les dijo que Minos había muerto resbalando en el baño se sintieron consternados y no tuvieron más remedio que quedarse a vivir en aquella isla.

Curiosa fue la sepultura que le dieron a Minos: lejos de toda pompa y gloria, escondieron sus restos en un templo de Afrodita para que la gente le honrase, sin saberlo, cuando fueran a llevar ofrendas a la diosa del amor. Cruel broma del destino que Minos, al que engañó su mujer por amor a un toro, al que engañó su hija por amor a Teseo, tuviera que refugiarse tras las faldas de Afrodita para ser honrado en su muerte.

Aquella expedición de cretenses fundó más tarde la ciudad de Minoa (cuya fundación real se atribuye a un grupo de colonos griegos de Selinunte durante el siglo VI a. C.), y más tarde levantaron un colosal templo a las misteriosas diosas Madre, unas divinidades propias de Creta que habían cuidado a Zeus cuando se escondió de niño en una cueva de la isla.

teatro de Minoa´

Restos del teatro de Heraclea Minoa, en Sicilia.

Notas

[1]. La muerte de Minos según Apolodoro.

«A Dédalo lo buscaba Minos: indagaba en todas las regiones una por una llevando una caracola y haciendo público que daría una gran paga a quien hiciera pasar un hilo a través de una concha, y por este procedimiento pensaba encontrar a Dédalo.

»Una vez que llegó a Cánico de Sicilia, se entrevisto con Cócalo, en cuya casa se escondía Dédalo, le mostró la concha. Él la tomó, le prometió hacer pasar el hilo y le entregó a Dédalo. Éste ató un hilo a una hormiga, la metió en la caracola y dejó que la recorriera. Cuando Minos comprobó que el hilo había pasado, se percató de que Dédalo estaba con él, así que lo reclamó en el acto.

»Cócalo prometió que se lo entregaría y lo invitó a su casa. Allí se hizo bañar por las hijas de Cócalo y quedó exánime. Según afirman algunos, murió abrasado por el hervor del agua».

Apolodoro, Biblioteca mitológica (Epítomes; 1, 13).
Traducción de Julia García Moreno. Alianza (Madrid, 1993)

La muerte de Minos según Diodoro.

«Minos, rey de los cretenses, señor del mar en aquella época, cuando se enteró de la huida de Dédalo a Sicilia, decidió realizar una expedición contra la isla. Después de equipar unas fuerzas navales considerables, zarpó de Creta y arribó al territorio de Acragante, a un lugar que por él recibió el nombre de Minoa. Hizo desembarcar sus fuerzas y le envió mensajeros al rey Cócalo; le reclamaba a Dédalo para castigarlo.

»Cócalo le invitó a un encuentro y, después de prometerle que haría todo lo que le pedía, recibió a Minos con los ritos de hospitalidad. Y cuando Minos se bañaba, Cócalo lo retuvo demasiado tiempo en el agua caliente y así puso fin a su vida. Luego entregó su cuerpo a los cretenses y explicó la causa de su muerte diciendo que había resbalado en la sala de baños y que, al caer en el agua caliente, había encontrado la muerte.

»A continuación, sus compañeros de expedición enterraron el cuerpo del rey con magnificencia; tras construir un sepulcro doble, depositaron los huesos en la parte escondida mientras que en la descubierta erigieron un templo de Afrodita. Así Minos fue honrado por muchas generaciones, porque los habitantes del lugar ofrecían sacrificios allí en la creencia de que era un templo de Afrodita. Fue en tiempos más recientes, después de la fundación de Acragante, cuando, al descubrirse el depósito de los huesos, se desmanteló la tumba y los huesos fueron devueltos a los cretenses; esto ocurrió cuando Terón era señor de los acragantinos.

»Sin embargo, los cretenses que estaban en Sicilia, después de la muerte de Minos, disputaron entre sí a causa de la falta de un jefe, y, dado que sus naves habían sido incendiadas por los sicanos de Cócalo, renunciaron a regresar a su patria y decidieron establecerse en Sicilia. Unos edificaron allí una ciudad a la que dieron el nombre de Minoa en recuerdo de su rey, mientras que otros, después de andar errantes por el interior de la isla, ocuparon un lugar fortificado donde fundaron una ciudad que llamaron Engio a causa de la fuente que manaba en ella.

»Posteriormente, después de la caída de Troya, cuando el cretense Meriones fue a parar a Sicilia, acogieron, debido a su parentesco, a los cretenses que desembarcaron y les concedieron la ciudadanía; y, teniendo como base una ciudad fortificada, pelearon con algunos de sus vecinos y conquistaron así un territorio suficiente.

»Al ser cada vez más prósperos, construyeron un templo a las Madres y honraron a estas diosas de un modo especial, adornando su templo con numerosas ofrendas. Se dice que el culto a estas diosas fue importado de Creta, puesto que estas diosas son especialmente honradas entre los cretenses».

Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica (Libro IV; 79).
Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Gredos (Madrid, 2004)

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La muerte de Ícaro

Según la versión más aceptada, cuando el arrogante Minos descubrió que Teseo había matado al Minotauro y, encima, se había llevado a su hija montó en cólera y, por la ayuda prestada, encerró a Dédalo y a su hijo Ícaro en el laberinto. (La madre de Ícaro era una esclava de Minos llamada Náucrate, de la que no tenemos más noticias).

En otras versiones se afirma que la disputa entre el rey y el inventor había sucedido mucho antes, cuando Dédalo había ayudado a Pasífae a acostarse con el toro sagrado, y desde entonces había permanecido escondido en la isla hasta que Teseo le rescató. Sin embargo, esta posibilidad plantea varios problemas: si Dédalo estaba escondido difícilmente habría podido construir el laberinto y su romance con Náucrate hubiera sido más complicado (es de suponer que ocurrió habiendo nacido ya el Minotauro, puesto que era un adolescente cuando huyeron y entre el parto de Pasífae y la llegada de Teseo pasaron unos 27 años, ya que iba en el tercer contingente de los que se había estipulado que se debían enviar cada nueve años). Podría ser que se hubiera fugado justo después de construir el laberinto y que se viera con Náucrate a escondidas, pero 27 años parecen muchos para que un hombre de su talento no hubiera encontrado la manera de escapar.

El caso es que para escapar de la isla, Dédalo construyó un par de alas uniendo plumas con cera. Antes de saltar, había avisado a su hijo de que ni se acercara mucho al sol, pues la cera podía derretirse, ni tampoco al agua del mar, ya que las alas se mojarían; pero cuando ya estaban volando lejos de Creta, Ícaro se entusiasmó tanto que quiso aproximarse al sol para verlo mejor. Al instante, el calor fundió la cera e Ícaro murió al caer contra el mar.

El cadáver del muchacho llegó luego a una isla, llamada Icaria en su honor, donde fue encontrado por Heracles, que le dio digna sepultura. Cuando mucho más tarde Dédalo se enteró de que había enterrado a su hijo, esculpió en Pisa una estatua en su honor, pero estaba tan bien hecha que Heracles pensó que era real y la destrozó de una pedrada.

Icaro

El lamento de Ícaro (1898). Herbert James Draper

Notas

[1]. Sobre la fuga de Dédalo e Ícaro nos cuenta Apolodoro:

«Se cuenta que Minos, al enterarse de la fuga de Teseo, encerró por su delito a Dédalo en el laberinto, junto con su hijo Ícaro, que había tenido de Náucrate, una esclava de Minos. Pero él fabricó unas alas para sí y para el muchacho. Al echar a volar, le instó a no hacerlo ni demasiado alto, para evitar que las alas se descompusieran al derretirse la cola por efecto del sol, ni cerca del mar, para que no se estropearan por la humedad. Pero Ícaro, ignorando a su padre, en su entusiasmo se dejó llevar cada vez más alto; hasta que se derritió la cola y murió en su caída al mar, que se llamó Icario en su memoria».

Apolodoro, Biblioteca mitológica (Epítomes; 1, 12).
Traducción de Julia García Moreno. Alianza (Madrid, 1993)

Ver también Pausanias IX; 11, 4 y 5

«Cuando arribó a la isla de Dólique, al ver el cuerpo de Ícaro que había sido llevado hasta la playa, le dio sepultura y denominó a la isla Icaria en lugar de Dólique. Por ello Dédalo erigió en Pisa una estatua igual a Heracles, pero éste, durante la noche, creyéndola erróneamente viva, la golpeó arrojando contra ella una piedra».

Apolodoro, Biblioteca mitológica (II; 6, 3).

Traducción de Julia García Moreno. Alianza (Madrid, 1993)

[2]. La otra versión de la fuga de Dédalo:

«Cuando Dédalo se enteró de las amenazas de Minos a causa de la construcción de la vaca, tuvo miedo, dicen, de la cólera del rey y zarpó de Creta con la ayuda de Pasífae que le dio un barco para que se hiciera a la mar. Con él huyó su hijo Ícaro y fueron llevados a una isla situada en alta mar. Cuando Ícaro desembarcaba en ella de un modo imprudente, cayó al mar y murió, por lo que el mar recibió el nombre de Icario y la isla fue llamada Icaria. Dédalo zarpó de esta isla y arribó a Sicilia, a una región en la que reinaba Cócalo, que acogió a Dédalo y lo hizo además su amigo en atención a su talento y a su fama.

»Algunos mitógrafos cuentan, sin embargo, que Dédalo permaneció un tiempo más en Creta escondido por Pasífae, y que el rey Minos, queriendo castigarlo y no pudiendo encontrarlo, mandó que todos los barcos de la isla lo buscaran y prometió entregar una gran cantidad de dinero a quien lograra descubrirlo. Entonces Dédalo renunció a su huida por mar y construyó de forma sorprendente unas alas ingeniosamente ideadas y maravillosamente ensambladas con cera. Las aplicó luego al cuerpo de su hijo y a su propio cuerpo y, de un modo increíble, las desplegaron y huyeron por encima del mar que rodea la isla de Creta.

»A causa de su inexperiencia juvenil, Ícaro elevó demasiado el vuelo y cayó al mar al fundirse la cera que unía las alas por efecto del sol. Dédalo, en cambio, volando cerca del mar y mojando a menudo sus alas, logró de manera sorprendente, llegar sano y salvo a Sicilia. Y aunque el mito que narra estos hechos resulta increíble, hemos decidido, sin embargo, no pasarlo por alto».

«Se cuenta que Minos, al enterarse de la fuga de Teseo, encerró por su delito a Dédalo en el laberinto, junto con su hijo Ícaro, que había tenido de Náucrate, una esclava de Minos. Pero él fabricó unas alas para sí y para el muchacho. Al echar a volar, le instó a no hacerlo ni demasiado alto, para evitar que las alas se descompusieran al derretirse la cola por efecto del sol, ni cerca del mar, para que no se estropearan por la humedad. Pero Ícaro, ignorando a su padre, en su entusiasmo se dejó llevar cada vez más alto; hasta que se derritió la cola y murió en su caída al mar, que se llamó Icario en su memoria».

Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica (Libro IV; 77, 5).
Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Gredos (Madrid, 2004)

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1.2. El crimen de Dédalo

La historia del Minotauro está muy ligada a la de Dédalo, por lo que conviene que retrocedamos un momento en el tiempo para saber por qué se encontraba exiliado en Creta.  

Cuentan los mitos que Dédalo era un ateniense cuyo linaje ascendía hasta Erecteo, uno de los reyes fundadores de la ciudad. Arquitecto, artista e inventor, su genio era extraordinario. Entre otros logros, se le atribuía un talento sin igual para la escultura (de hecho, fue el primero en alejarse del rígido modelos de los kouroi y korai).

Tomó como aprendiz a su joven sobrino Talo, hijo de su hermana Pérdix, el cual demostró también un gran ingenio (¿vendrá de este mito el dicho popular de que el aprendiz siempre supera al maestro?). A él le debemos, por ejemplo, el utilísimo compás. Un día, inspirándose en la mandíbula de una serpiente o en una espina de pez, Talo inventó la sierra y a Dédalo le dio ya tal ataque de celos que cogió al pobre muchacho y lo arrojó desde lo alto de la Acrópolis.

Lo más probable es que el chico se despeñase sin más, aunque Ovidio sostiene que Atenea le transformó en un ave ingeniosa de vuelos cortos (¿la perdiz?). El caso es que se descubrió el crimen y Dédalo fue condenado al exilio, una de las mayores penas que se le podía imponer a un ciudadano. Para su desgracia, el lugar donde decidió huir junto con su hijo Ícaro fue la Creta del implacable Minos [1].

Los Kouroi conocidos como Kleobis y Biton.
(c. 590 a. C.). Santuario de Apolo en Delfos (Grecia).

Cuentan los mitos que fue Dédalo quien por vez primera esculpió seres humanos alejándose del hierático modelo de los Kouroi.

Kurois

Notas

[1]. Fuentes

Entre los diversos autores que trataron esta historia, se encuentran Apolodoro, Ovidio y Diodoro, que ofrece la versión más completa.

Apolodoro, Biblioteca mitológica. Libro III (15, 8)

«Dédalo, hijo de Eupálamo, era un excelente arquitecto y el primer inventor de imágenes. Había huido de Atenas por haber precipitado desde lo alto de la Acrópolis a Talo, el hijo de su hermana Pérdix, que era alumno suyo, temeroso de que lo sobrepasase con su ingenio; pues una vez que se había encontrado una mandíbula de serpiente, había serrado con ella un delgado tronco.

»Descubierto el cadáver, fue juzgado en el Aerópago y, habiendo sido condenado, se refugió junto a Minos».

Traducción de Julia García Moreno. Alianza, Madrid, 1993.

Ovidio, Metamorfosis. Libro VIII (240)

«En efecto, ignorando el destino, la hermana de Dédalo le había confiado su hijo para que lo educase, un muchacho de doce años cumplidos y espíritu capaz para las enseñanzas. Éste incluso observó la espina central de un pez, tomó de ella modelo y talló una hilera de dientes en un hierro afilado, inventando así el uso de la sierra.

»También fue el primero que unió dos brazos de hierro mediante una juntura de tal manera que, separados por una distancia constante, uno permanece en el sitio y el otro traza un círculo.

»Dédalo sintió envidia y desde la sagrada ciudadela de Minerva [Atenea] lo arrojó de cabeza, fingiendo luego una caída; pero Palas, protectora del talento, lo recogió y convirtió en ave, y en medio de los aires lo cubrió de plumas; aunque pájaro, su antigua fortaleza y vivacidad de ingenio pasó a las alas y a las patas; en cuanto al nombre, subsistió el que antes tenía.

»Sin embargo, esta ave no remonta mucho el vuelo ni hace nidos en las ramas ni en las altas cimas; revolotea cerca del suelo, pone sus huevos en setos, y tiene miedo a las alturas al acordarse de su antigua caída».

Traducción de Antonio Ramírez de verger y Fernando Navarro Antolín. Alianza, 1995.

Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica. Libro IV (76, 1).

«Dédalo era de familia ateniense y se le consideraba uno de los Erecteidas, dado que era hijo de Eupálamo, hijo éste de Erecteo. Aventajaba notablemente a todos los demás hombres por sus dotes naturales y se dedicó con entusiasmo al arte de la construcción, a la ejecución de estatuas y al trabajo de la piedra. Fue inventor de muchos ingenios que contribuían al desarrollo de su arte y realizó obras que fueron objeto de admiración en muchos lugares de la tierra habitada.

»En la ejecución de estatuas superó de tal manera a todos los hombres que las generaciones posteriores forjaron sobre él el mito de que las estatuas que había esculpido eran absolutamente iguales a los modelos vivos; miraban y andaban, y en todos los aspectos guardaban las proporciones del cuerpo, de modo que la imagen modelada parecía un ser vivo.

»Al ser el primero en representar los ojos y en tallar las piernas separadas y asimismo las manos y brazos tendidos, era natural que fuera objeto de la admiración de los hombres. Los artistas anteriores, en efecto, esculpían sus estatuas con los ojos cerrados y con las manos y brazos caídos y pegados a los lados.

»Sin embargo, a pesar de ser admirado a causa de su amor por las artes, Dédalo fue desterrado de su patria, condenado por homicidio, por las razones siguientes: La hermana de Dédalo tuvo un hijo, Talo, que fue educado en casa de Dédalo cuando todavía era un niño.

»Al ser más dotado que su maestro, inventó la rueda de alfarero; y al encontrar casualmente una mandíbula de serpiente, se sirvió de ella para aserrar en dos una pequeña pieza de madera e imitó el cortante de los dientes. Así, cuando preparó una sierra de hierro y aserró con ella el material de madera que empleaba en sus trabajos, se consideró que había inventado una herramienta que sería de la mayor utilidad para el arte de la construcción. Inventó igualmente el compás y algunos otros ingenios por los que se granjeó gran fama.

»Pero Dédalo tuvo envidia del muchacho, y pensando que aventajaba largamente al maestro por su fama, lo asesinó alevosamente. Cuando lo sepultaba, fue descubierto, y cuando se le preguntó qué sepultaba, contestó que estaba enterrando una serpiente. Podría resultar sorprendente la singular circunstancia de que gracias al animal que había inspirado la construcción de la sierra se produjera, por medio de éste, el descubrimiento del asesinato.

»Acusado y condenado por homicidio por los miembros del Aerópago [el tribunal], se refugió primero en uno de los demos del Ática, cuyos habitantes recibieron por él el nombre de los Dedalidas. [77] A continuación huyó a Creta y, admirado por la fama de su arte, llegó a ser amigo del rey Minos.

Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Gredos, Madrid 2004.

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Me perdonará ahora el atento lector que abandone las ensangrentadas llanuras de Troya y, en vez de seguir analizando las Posthoméricas (a las que volveré más adelante), marche hasta Creta para empezar un viaje por uno de los mitos más fascinantes de la Antigüedad: la historia del Minotauro.

1. El mito

1.1. El extraño amor de Pasifae

La historia del Minotauro se remonta a mucho tiempo atrás, cuando Zeus se enamoró de la hermosa Europa, hija de Agénor, y para seducirla se transformó en un toro manso. Europa se subió entonces a su lomo, encandilada por la belleza del animal, y Zeus aprovechó para llevarla hasta las costas de Creta, donde se acostó con ella. De aquella unión nacieron 3 hijos, Minos, Sarpedón y Radamante, a los que el rey de Creta, Asterión, crió como propios.

El rapto de Europa

Hídria. Museo del Louvre, París.

Una de las representaciones más habituales del mito: Europa a lomos de Zeus metamorfoseado en un manso toro cruzando el mar. En otras más tardías, por el contrario, el toro aparece embravecido y Europa, en vez de ir montada sobre el animal, se encuentra flotando a su vera sujetándose a uno de los cuernos (lo que tal vez tendría una connotación sexual si se acepta que el cuerno simboliza el falo del dios) [1].

Europa es raptada por Zeus, que se ha transformado en un manso toro

Ya de jóvenes, los hermanos se enfrentaron a causa de un muchacho llamado Mileto del que se habían enamorado los tres. Como el chico prefería a Sarpedón, el poderoso Minos luchó contra ellos y todos debieron huir de sus furiosos celos. Mileto marchó hasta Caria, donde fundó la ciudad homónima, cuna de grandes pensadores; Sarpedón luchó como mercenario a las órdenes de Cílix y consiguió ser rey de Licia; y Radamantis se exilió a Beocia hasta que a su muerte se convirtió en uno de los legisladores del inframundo, al servicio de Hades.

Mientras tanto, Minos se casó con Pasifae, hija del dios solar Helios y Perseida (una de las hijas de Océano y Tetis), y hermana por tanto de la maga Circe. Juntos tuvieron cuatro hijos (Crateo, Deucalión, Glauco y Andogeo) y cuatro hijas (Acale, Jenódice, Ariadna y Fedra) [2].

Cuando murió Asterión, Minos aspiró a ser rey de Creta y para justificar sus pretensiones aseguró que así lo preferían los dioses. Como prueba, dijo que los dioses le concederían cualquier deseo y le pidió a Poseidón, señor de los mares, que le entregara un toro para sacrificarlo. El dios consintió a sus deseos y del mar salió un espléndido toro.

Minos se quedó maravillado ante la belleza del animal y, en vez de sacrificarlo, lo guardó entre sus rebaños [3]. Molesto ante semejante afrenta, el soberano del mar le castigó insuflando a su esposa Pasifae una pasión desenfrenada por el toro sagrado. Para satisfacer su deseo, la reina pidió ayuda a Dédalo, un genial inventor que acababa de llegar a Creta desde Atenas huyendo de un horrible crimen.  

A Dédalo, genial escultor, artífice de autómatas y estatuas que parecían casi vivas, apenas le costó esfuerzo construir un artefacto con el que engañar al toro: una vaca de madera en cuyo interior se escondió la reina. Al ver la estatua abandonada en un prado, el animal cayó en el engaño y dio rienda suelta a su natural fogosidad. Pasifae aplacó así su deseo, pero no calculó bien las consecuencias pues unos meses después dio a luz a una bestia mitad hombre mitad toro: el Minotauro, al que llamaron Asterión.

Alertado por unos oráculos, Minos no se atrevió a matar a la extraña criatura y le pidió a Dédalo que construyera un lugar donde albergarle lejos de cualquier mirada humana. Dédalo se puso manos a la obra y diseñó un intrincado laberinto de piedra en el que vivió desde entonces el Minotauro [4].

Pasifae y Dédalo

Dédalo le muestra su vaca artificial a Pasifae.

Fresco de Pompeya (Nápoles).

Notas

[1]. Un análsisis muy interesante sobre la representación del rapto de Europa en la Antigüedad es el artículo de G. López Monteagudo y M. P. San Nicolás Pedraz: El mito de Europa en los mosaicos hispano-romanos. Análisis iconográfico e interpretativo.

El otro modelo básico de representación, con Europa agarrada al cuerno del toro, lo vemos por ejemplo en esta vaso griego de figuras rojas (c. 490 a. C.) que se conserva en el Museo Nazionale Tarquiniese (Tarquinia, Italia).

Europa y Zeus

[2]. Linaje de Minos (principales personajes mencionados en esta exposición)

linaje de Minos

[3]. El toro del mar

Según algunas versiones, este toro sagrado, magnífica bestia de color blanco que despedía fuego por las fosas nasales, aún protagonizó otro par de episodios dignos de mención. Una de las doce tareas que Euristeo le encargó a Heracles fue traerle, precisamente, el toro divino. Minos le dijo que podía llevárselo si era capaz de capturarlo, lo cual no le costó demasiado al infatigable héroe. Luego, se lo llevó a Grecia, tal vez, montado a su lomo para cruzar el mar. Euristeo quiso sacrificar el toro en honor de Hera, pero la celosa diosa no aceptó el presente al provenir de su odiado Heracles y el héroe lo dejó marchar en libertad.

El animal vagó entonces a sus anchas hasta que llegó a la llanura de Maratón, en el Ática, donde sembró el terror entre los paisanos hasta que fue capturado y sacrificado por Teseo.  

De alguna manera, se cierran así dos círculos: el iniciado por el viaje de Europa a lomos del toro en que se había metamorfoseado Zeus y el de las funestas consecuencias derivadas del sacrificio hurtado a Poseidón. Teseo, no solo pone fin a la vida del Minotauro, sino también cierra la herida que había provocado Minos al haberse quedado con el toro destinado al sacrificio.

Heracles y el toro de Creta

Heracles y el toro de Creta.
Kylix ático de figuras rojas (c. 510 a. C.). Tampa Museum of Art, Florida (Tampa 86.85)

[4]. Fuentes

Lo narrado hasta este momento puede leerse, por ejemplo, en el Libro III de la Biblioteca mitológica:

2. «Asterión, soberano de los cretenses, se casó con Europa y crió a sus hijos. Cuando ellos llegaron a la edad adulta riñeron entre sí, pues ambos estaban enamorados de un muchacho llamado Mileto, hijo de Apolo y de Aría hija de Cléoco. Como el muchacho sintiera mayor inclinación por Sarpedón, Minos entabló combate y resultó vencedor, los otros huyeron, Mileto arribó a Caria fundando allí la ciudad de Mileto a partir de su propio nombre y Sarpedón, a cambio de una porción de territorio, combatió en las filas de Cílix, que mantenía una guerra contra los licios y llegó a ser rey de Licia. Zeus le concedió vivir a lo largo de tres generaciones.

»Sin embargo algunos afirman que ellos estaban enamorados de Antimnio, hijo de Zeus y Casiopea, y que por su causa riñeron.

»Radamantis legisló para los isleños y, tras exiliarse de nuevo a Beocia, desposó a Alcmena; desde su a paso a la otra vida administra justicia en el Hades junto con Minos. Éste, establecido en Creta, redactó leyes y desposó a Pasífae, hija de Helio y Perseide; no obstante Asclepiades dice que desposó a Creta, la hija de Asterio, engendró hijos, Crateo, Deucalión, Glauco y Androgeo, e hijas, Acale, Jenódice, Ariadna y Fedra; y de una ninfa paria tuvo a Eurimedonte, Nefalión, Crises y Filolao; y de Dexítea a Euxantio.

3. »Al morir Asterión sin descendencia, Minos pretendió reinar en Creta, pero se topó con resistencias a sus pretensiones. Aseguraba que había recibido el trono de los dioses y para que se confiara en él, afirmaba que sucedería lo que el pidiera. Cuando se hallaba ofreciendo un sacrificio a Poseidón, le suplicó que apareciera de las profundidades marinas un toro y le prometió que lo sacrificaría en cuanto apareciese. Poseidón hizo aparecer un magnífico toro y Minos consiguió así el reino, pero envió el toro con sus rebaños y ofreció otro en sacrificio.

»Minos fue el primero en detentar el dominio marítimo y extendió su poder sobre casi todas las islas. Irritado con él Poseidón por no haberle sacrificado el toro, lo volvió salvaje e hizo que Pasífae concibiera por él un amor apasionado.

»En su amor por el toro, contó con la complicidad de Dédalo, que era arquitecto y había huido de Atenas por un asesinato. Éste construyó una vaca de madera con ruedas, la ahuecó por dentro, la recubrió con la piel de una vaca que había desollado y, colocándola en el prado en el que el toro acostumbraba a pacer, introdujo dentro de ella a Pasífae. Cuando el toro llegó, yació con ella tomándola por una vaca de verdad.

»Pasífae parió a Asterión, llamado Minotauro, que tenía el rostro de toro y el resto humano. Minos, en atención a ciertos oráculos, lo encerró dentro del laberinto y lo mantenía bajo custodia. El laberinto, construido por Dédalo, era un edificio que hacía equivocarse en la salida con sus intrincados pasadizos».

Traducción de Julia García Moreno. Alianza, Madrid, 1993.

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