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Archive for 23 mayo 2009


// Publicado por primera vez en El laberinto.

En una entrevista muy interesante que me hizo Fernando Franco para El Faro de Vigo le decía que hay que matar a los dioses. Me refería a que resulta mucho más saludable si establecemos nuestro modelo de conducta a partir de la reflexión y no por fe. Es decir, es preferible pensar a creer, ya sea en una religión, en una ideología, en un sistema ético… Una cosa lleva a la otra y a la noche, mientras disfrutaba leyendo el Kalevala, pensé que sería divertido empezar una serie sobre dioses que se mueren. Empezamos con Bálder, un dios de la mitología nórdica.

BÁLDER

Bálder es el dios más hermoso de la mitología nórdica. Es hijo de Odín, la máxima autoridad del panteón escandinavo, y de Frig, diosa del amor y la fertilidad. Un día, Bálder soñó que iba a morir (1). Los dioses de la familia de los ases se inquietaron y el mismo Odín cabalgó hasta el Niflhel, en infierno más profundo del Helheim, los dominios de Hel, la reina de los muertos, en busca de algún signo premonitorio. Allí interrogó a una misteriosa bruja, pero solo consiguió saber que Bálder moriría a manos de su hermano Hod (2). Tras reunirse en consejo, los ases decidieron entonces pedir a todos los peligros que jurasen que jamás harían daño a Bálder. Tan solo quedó sin prestar el juramento el Muérdago, ya que Frig lo consideró inofensivo dada su juventud.

Los ases estaban tan contentos por haber salvado a Bálder que, reunidos en consejo (Thing), decidieron festejarlo a la vikinga, es decir, celebrando una fiesta colosal. Entre risas, los dioses empezaron a lanzar objetos contra Bálder para probar su invulnerabilidad. Uno tras otro, los objetos chocaban contra el cuerpo del dios sin hacerle mella alguna.

A Loki, dios del engaño y la traición, no le gustó nada que Bálder pudiera eludir su muerte y, disfrazado de mujer, consiguió que Frig le desvelase que el muérdago no había realizado el juramento. Cuando le tocó lanzar algo a Hod, el hermano ciego de Bálder, Loki cambió la flecha por una rama de muérdago y, sin que nadie lo advirtiese, guió el tiro mortal. Bálder cayó muerto al suelo ante la consternación e incredulidad de los dioses. En el sagrado lugar del consejo, nadie podía tomar venganza, pero poco después Odín y la giganta Rindr tuvieron un hijo, Vali, quien, después de llegar a la edad adulta en un solo día, dio muerte al pobre Hod quemándolo en una hoguera.

Todos los dioses acudieron entristecidos al funeral de Bálder. Entre otros, allí se encontraban Odín con Frig, acompañados de las valkirias, las doncellas guerreras que recogen a los muertos en batalla. Frey, señor de la vegetación, llegó en su carro tirado por el verraco Gullinbursti, que resplandece por la noche. Héimdal llegó a lomos de su caballo; y Freya, diosa del amor, conducida por sus gatos. Incluso, desde el lejano y helado Jötunheim acudieron muchos gigantes de la escarcha, los grandes enemigos de los ases.

Como era costumbre entre los vikingos, subieron el cadáver del dios a su barco, el Hringhorni, el más grande jamás construido, para que lo condujera a los lúgubres dominios de Hel. Dejaron el cuerpo sobre una pira y luego embarcaron también su caballo y sus bienes más preciados. Además, Odín dejó un anillo de oro llamado Dráupnir que era mágico y cada nueve noches generaba otros 9 anillos.

Luego trataron de botar el barco al mar, pero no consiguieron moverlo. Fueron entonces al Jötunheim en busca de una bruja giganta llamada Hyrrokkin, la cual vino al funeral montada sobre un monstruoso lobo conducido con una víbora a modo de riendas. Cuando descabalgó fueron necesarios hasta cuatro bersekir, guerreros furiosos, para dominar a la bestial montura.

La bruja giganta Hyrrokkin a lomos de su lobo, al que guía con riendas que son serpientes. Piedra DR284 del Monumento de Hunnestad (Hunnestadsmonumentet), en Marsvinsholm, al sur de Suecia.

Sin esfuerzo alguno,Hyrrokkin echó el barco al mar y, de la fricción, los troncos que servían de rodillo se incendiaron. Por una razón extraña, aquello enfureció a Thor y casi mata a la bruja con su Mióllnir si todos los dioses no lo hubieran impedido. Aún furioso, Thor santificó la pira funeraria en la que reposaba Bálder y la dio fuego. La esposa de Bálder, Nanna, enloqueció entonces de dolor y se arrojó a la pira en llamas. En ese momento un enano llamado Lit se acercó a Thor y el dios lo arrojó también a las llamas de un puntapié.

Frigg prometió todo su amor y aprecio a quien fuera capaz de traer a Bálder de vuelta entre los vivos desde las mansiones de Hel. Hérmod, hermano de Bálder, no se lo pensó dos veces y a lomos de Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, se lanzó en su busca.

Después de nueve noches de viaje y atravesar el río Giol, donde se encontró con la giganta Modgud, que custodia el acceso al Helheim, siguió rumbo hacia el norte y hacia abajo hasta que llegó al reino de Hel. De un salto, Sleipnir cruzó la verja que protegía el espantoso lugar. Hérmod descabalgó y se dirigió hacia una casa donde se encontró con su hermano y su esposa. Pasó la noche con ellos y a la mañana siguiente pidió a Hel que les dejara volver con los dioses. Hel accedió a cambio de una condición: si todas las cosas del mundo, vivas o muertas, lloraban su pérdida, permitiría que Bálder regresara entre los vivos. Bálder le devolvió a Hérmod el anillo Dráupnir para que se lo entregara a Odín como presente y Nanna un paño y otros regalos para Frig.

A su regreso, Hermod informó a los ases y fueron a recorrer el mundo para pedirle a todas las cosas que lloraran la muerte de Bálder. Ya casi lo habían conseguido, tan solo les faltaba convencer a una bruja llamada Tok, que vivía en una cueva. Sin embargo, Tok se negó a lamentarse por Bálder, pues en realidad era Loki disfrazado, y el hermoso dios tuvo que quedarse en el reino de los muertos.

En general, la muerte Balder resulta complicada de interpretar. Enrique Bernárdez (3) piensa que la interpretación más plausible pasa por relacionarla con algún tipo de ritual de las sociedades guerreras germanas:

Esta interpretación ve en la muerte y resurrección de Baldr un falso sacrificio, el completo rito de iniciación de un joven guerrero. Sabemos que tales ritos existían, pues incluso Tácito lo menciona. Aquí podemos tener un ritual con las siguientes partes: (1) el neófito es sometido a un ataque masivo de los guerreros adultos; (2) muere figurada y ritualmente (3); recibe un sepelio igualmente ritual, en el que se le entrega su primer brazalete de guerrero; (4) nace a la nueva vida de guerrero adulto. Todo esto es plausible y habitual, a la vista de cómo son estos rituales en otras culturas y a partir de un breve comentario de Tácito, quien en el capítulo 24 de Germania nos cuenta cómo los jóvenes germanos se entretienen saltando y bailando entre lanzas y espadas para así probar su valor.

Sin embargo, aunque esta explicación es sugerente, como el propio Bernárdez señala:

Hay demasiadas cosas pendientes de explicación; el papel de Loki como instigador, por ejemplo, que introduce un cambio poco comprensible en sus maldades de trickster, siempre menos dramáticas y decisivas (4).

Además, esta hipótesis no cuadraría con la versión de la muerte de Bálder que aparece en la Gesta Danorum de Saxo Gramático, otra referencia importante para conocer la mitología escandinava. En ella se cuenta que los hermanos Hoterus y Balderus se enfrentaron porque Bálder quiere quedarse con la esposa de Hoterus, Nanna.

En cualquier caso, aún no vamos a aventurar más hipótesesis porque nos falta por recordar que Bálder al final sí que resucitará, pero será al final de los tiempos, cuando casi todos los dioses mueran durante el Ragnarok.

(Continuará…)

Notas

1. La fuente principal de la historia de Bálder, que difiere de la versión de Saxo Gramático, se encuentra en La alucinación de Gylfi (Gylfaginning), uno de los libros del Edda Menor de Snorry Stúrluson. Aquí transcribo la traducción de Luis Lerate. Alianza Editorial, 2008.

48. Entonces dijo Gangleri: -Gran hazaña fue la que Tor llevó a cabo en aquella ocasión. ¿Pero hay alguna otra historia más sobre los ases?

El Alto respondió: -Una historia puedo contarte sobre algo que tuvo mayor importancia para los ases. Este relato comienza con que Bálder el bueno soñó grandes y torvos sueños que presagiaban su muerte. Cuando les contó aquellos sueños a los ases, éstos celebraron consejo y se decidió pedir a todos los diferentes peligros que respetaran a Bálder. Frig les tomó juramento, que respetarían a Bálder el fuego y el agua, el hierro y todos los metales, las piedras, la tierra, la madera, las enfermedades, los animales, las aves, el veneno y las serpientes. Cuanto estuvo esto hecho y acordado, Bálder y los ases tuvieron una diversión, y fue que él se colocó en medio del consejo, y todos los demás se pusieron unos a dispararle, otros a golpearle, otros a tirarle piedras; pero hicieran lo que hicieran no le lastimaban, y todos consideraban aquello un gran honor para él.

Pero cuando vio esto Loki, hijo de Láufey, a él no le gustó que Bálder no sufriera daño. Marchó a Fensálir en busca de Frig tomando la apariencia de una mujer. Frig le preguntó entonces a aquella mujer si sabía que estaban haciendo los ases en el consejo. Ésta le respondió que todos le disparaban a Bálder y cómo él no sufría daño. Entonces dijo Frig: «¿Todas las cosas cosas han prestado juramento de respetar a Bálder?» Entonces respondió Frig: «Un tallo hay que crece al oeste del Valhalla y que se llama muérdago; éste me pareció muy joven para exigirle el juramento». Luego se marchó la mujer, y Loki cogió el tallo de muérdago y lo arrancó y se fue al consejo. Hod era el que estaba más afuera del corro porque era ciego. Entonces le dijo Loki: «¿Por qué no le disparas tú a Bálder?». Él respondió: «Porque no veo dónde está Bálder, y además no tengo ningún arma». Entonces dijo Loki: «Haz también tú igual que los demás y honra a Bálder como hacen los otros. Yo te indicaré dónde está. Arrójale esta vara». Hod cogió el tallo de muérdago y se lo arrojó a Bálder guiado por Loki. Aquel disparo atravesó a Bálder, que cayó muerto al suelo, y ésta ha sido la mayor desgracia que ha sucedido entre los dioses y los hombres.

Cuando Bálder cayó, todos los ases se quedaron sin habla y ni siquiera acertaron a echarle una mano; se miraron unos a otros y todos pensaron lo mismo sobre quién había sido el culpable, pero no podían tomar venganza, pues era aquél un lugar muy sagrado. Cuando los ases intentaron hablar, entonces fue llanto lo que salió, de modo que ninguno podía decir su pena a los otros con palabras. Odín sufrió más que nadie por esta desgracia por ser él quien mejor comprendía la gran merma y pérdida que suponía la desaparición de Bálder. Cuando los ases se calmaron, habló Frig y preguntó cuál de los ases quería ganarse todo su amor y aprecio tomando el camino al Hel a ver si lograba encontrar a Bálder y le ofrecía rescate a Hel, si ella permitía que Bálder regresara al Ásgard. Fue el llamado Hérmod el rápido, un hijo de Odín, quien estuvo dispuesto a hacer el viaje. Se sacó entonces a Sléipnir, el caballo de Odín, y Hérmod montó en aquel caballo y echó a correr.

Los ases cogieron entonces el cuerpo de Bálder y lo llevaron a orillas del mar. Hringhorni se llamaba el barco de Bálder; era un barco muy grande, y los dioses trataron de echarlo al agua para que Bálder partiera en él sobre la pira funeraria, pero el barco no se movió de su sitio. Se envió entonces al Jotunheim por una bruja de allá que se llamaba Hyrrokkin, y ésta vino montada sobre un lobo y con una víbora a modo de riendas. Cuando se bajó de su montura, Odín llamó a cuatro bersekir para que sujetaran al animal, pero no lo pudieron dominar hasta que no lograron derribarlo. Hyrrokkin se fue entonces para la proa del barco y al primer tirón lo sacó afuera, y de tal manera, que los rodillos se incendiaron y tembló toda la tierra. A Tor le dio rabia entonces y agarró el martillo, y le habría machacado la cabeza, si todos los dioses no le hubieran pedido que la dejara. El cuerpo de Bálder fue llevado al barco, y al ver aquello su esposa Nanna, hija de Nep, estalló de dolor y se murió; también a ella se la puso sobre la pira, y luego se le prendió fuego. Allá estaba Tor y santificó la pira con el Mióllnir. Ante sus pies apareció entonces corriendo un enano –Lit se llamaba– y Tor le dio un puntapié y lo lanzó al fuego y allá se abrasó. A aquella quema acudieron muchas clases de gentes. En primer lugar hay que citar a Odín, que fue con Frig y las valkirias y sus cuervos; Frey llegó en su carro tirado por el verraco Gullinbursti o Slidrugtanni; Héimdal llegó en el caballo que se llama Gulltopp, y Freya conducida por sus gatos. También acudieron muchos gigantes de la escarcha y de las montañas. Odín puso en la pira un anillo de oro llamado Dráupnir; tenía éste una virtud y era que cada nueve noches goteaban de él otros anillos de oro de su mismo peso. También el caballo de Bálder fue llevado a la pira con todos sus arreos.

En cuanto a Hérmod hay que decir que cabalgó nueve noches por oscuros y profundos valles, de modo que no vio nada hasta que llegó al río Giol y lo cruzó por el puente del Giol: éste está recubierto con oro brillante. Módgud se llama la muchacha que guarda el puente. Ella le preguntó su nombre y de qué gente era, y dijo que el día antes habían pasado a caballo por el puente cinco tropeles de hombres muertos, «pero no resuena menos el puente al pasarlo tú solo, y no tienes el color de los muertos. ¿Por qué vas por el camino al Hel?». Él le respondió: «Voy al Hel en busca de Bálder. ¿Has visto tú pasar a Bálder por el camino al Hel?». Ella le dijo que sí había cruzado Bálder el puente del Giol. «Y el camino al Hel sigue ahora para abajo y hacia el norte».
Hérmod siguió cabalgando hasta que llegó ante las verjas del Hel. Se bajó entonces del caballo y le ajustó la cincha, volvió a montar y metió espuelas: el caballo dio un salto tan grande sobre la verja, que ni siquiera le pasó cerca. Hérmod se dirigió entonces a la casa y bajó del caballo, entró en la casa y allá vio a su hermano Bálder sentado en el banco de honor. Hérmod pasó allí la noche.

A la mañana siguiente Hérmod le pidió a Hel que dejara regresar a Bálder con él, y dijo cuánto llanto había entre los ases, pero Hel respondió que ahora iba a verse si Bálder era tan querido como se decía, «y si todas las cosas del mundo, tanto vivas como muertas, lo lloran, entonces volverá con los ases, pero se quedará en el Hel, si alguien no está de acuerdo y no quiere llorar». Entonces se levantó Hérmod, y Bálder lo acompañó afuera de la casa, y cogió el anillo Dráupnir y se lo entregó a Odín como recuerdo. Nanna le envió a Frig un paño y otros regalos más, y a Fulla un anillo de oro para el dedo. Hérmod hizo después el camino de regreso y regresó al Ásgard, y contó todas las cosas que había visto y oído.

Los dioses enviaron entonces mensajeros por todo el mundo para pedir que lloraran y saliera Bálder del Hel y así lo hicieron todos los hombres y demás seres vivos, y la tierra y las piedras y los árboles y todos los metales; y seguramente has visto tú mismo cómo lloran estas cosas cuando pasan de la escarcha al fuego. Cuando ya regresaban los mensajeros tras haber cumplido su misión, hallaron una cueva en la que había una bruja que dijo llamarse Tok. Ellos le pidieron que llorara para que Bálder saliera del Hel. Ella dijo:

Con lágrimas secas Tok llorará
el que Bálder se vaya en la pira;
ni vivo ni muerto el del Viejo me importa
¡que Hel al que tiene retenga!

Se supone que en realidad era Loki, hijo de Láufey, el que ha causado más males que nadie entre los ases.

2. Este viaje de Odín, que parece no servir para nada, se recoge en Los sueños de Bálder (Baldrs draumar), uno de los cantos del Edda Mayor. En la traducción de Luis Lérate (Alianza, 2007):

1. A reunirse en consejo corrieron los ases,
las diosas todas junta tuvieron:
de esto trataron los grandes dioes,
por qué tuvo Balder maléficos sueños.

2. Se levantó Odín, el viejo gauta,
y encima de Sléipnir puso la silla;
cabalgó para abajo hasta el Niflhel,
se topó con un can que del Hel salió.

3. Chorreante de sangre su pecho tenía
y al padre de ensalmos mucho le aulló;
Odín prosiguió –resonaba el camino–
y llegó a la morada, la alta, de Hel.

4. Tiró ante la entrada Odín para el este,
donde él enterrada a la bruja sabía:
con lúgubre ensalmo cantó a la adivina,
que tuvo que alzarse y muerta le habló:

5. «Qué hombre es éste que yo no conozco,
que me hace venir en penoso viaje?
Me nevaba la nieve, me caía la lluvia,
me mojaba el rocío: llevo mucho de muerta».

6. «Végtam [El acostumbrado a los caminos] me llamo, soy hijo de Váltam [El que tiene trato con los muertos];
desde el Hel di tú, digo yo desde el mundo:
¿para quién se sembraron los bancos de anillas?
¿para quién se cubrieron, hermosos, de oro?».

7. «Hecho está ya el hidromiel para Bálder,
la clara bebida que escudo tapa.
Terrible temor a los ases agobia.
A la fuerza hablé, callaré yo ahora».

8. «No calles, oh bruja, que entera respuesta
quiero de ti, que me cuentes todo:
¿quién ha de ser el que a Bálder mate
Y al hijo de Odín le quite la vida?».

9. «Por obra de Hod nos vendrá el excelso,
él ha de ser el que a Bálder mate
y al hijo de Odín le quite la vida.
A la fuerza hablé, callaré yo ahora».

10. «No calles, oh bruja, que entera respuesta
quiero de ti, que me cuentes todo:
¿Quién esa muerte de Hod vengará
y a la pira echará al matador de Bálder?».

11. «Vali al oeste de Rind nacerá,
el que, hijo de Odín, peleará con un día:
ni lavará sus manos ni peinará su cabeza
hasta echar a la pira al matador de Bálder.
A la fuerza hablé, callaré yo ahora».

12. «No calles, oh bruja, que entera respuesta
quiero de ti, que me cuentes todo:
¿cuáles doncellas habrán de llorarlo
altos sus velos lanzando al cielo?».

[La bruja descubre de pronto que su interlocutor es Odín, no se sabe por qué, y le ordena marcharse]

13. «¡No eres tú Végtam, aquel que creí:
Odín eres tú, el viejo gauta!».
«No eres tú bruja ni sabia adivina:
madre de ogros, de tres, tú eres!».

14. «¡Ya márchate, Odín, y bien satisfecho!
Nadie ya más a verme vendrá
hasta el día en que Loki se libre y suelte
y les llegue a los dioses su ocaso final».

3. Enrique Bernárdez. Los mitos Germánicos. Alianza, 2002.

4. El pasaje de la Germania de Tácito al que hace referencia Bernárdez es este:

XXIV. Sus fiestas y juegos son siempre unos mismos en cualquiera junta. Algunos mancebos desnudos que tratan de este juego, se arrojan, saltando, entre las espadas y frameas. El ejercicio les ha dado el arte; y el arte, la gracia; pero no lo hacen por ganancia o salario, aunque es precio y paga de aquella su temeraria lozanía el gusto y aplauso de los que lo miran. Es mucho de maravillar que jueguen a los dados cuando no están bebidos, considerándolos como una ocupación seria; y lo hacen con tanta codicia y temeridad en ganar y perder, que cuando les falta qué jugar, la última parada y apuesta es la libertad y el cuerpo. El vencido se hace esclavo de su propia voluntad; y aunque sea más mozo y más robusto, se deja atar y vender; que tanta obstinación tienen en cosa tan mala, que ellos llaman cumplimiento de la palabra empeñada. Truecan de buena gana los esclavos de esta calidad, por librarse también de la vergüenza que causa tal victoria.

5. Sobre la muerte de Bálder, hay un artículo muy bueno que se puede leer on line: Francisco Javier Muñoz Acebes. El Dios que muere en la mitología germánica: Estudio, fuentes e interpretaciones en torno a Baldr. En Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones. 2003, 8.

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