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Me traslado…


Abrí este web log con la intención principal de trastear con wordpress. Lo mantuve durante un tiempo duplicando entradas que escribía en otros web logs míos, pero ando cada vez más liado y esta trabajera me resulta imposible.

Ahora mismo, sólo mantengo un log: www.mmfilesi.com, allí nos vemos.

Ciau!


// Publicado por primera vez en El laberinto.

En una entrevista muy interesante que me hizo Fernando Franco para El Faro de Vigo le decía que hay que matar a los dioses. Me refería a que resulta mucho más saludable si establecemos nuestro modelo de conducta a partir de la reflexión y no por fe. Es decir, es preferible pensar a creer, ya sea en una religión, en una ideología, en un sistema ético… Una cosa lleva a la otra y a la noche, mientras disfrutaba leyendo el Kalevala, pensé que sería divertido empezar una serie sobre dioses que se mueren. Empezamos con Bálder, un dios de la mitología nórdica.

BÁLDER

Bálder es el dios más hermoso de la mitología nórdica. Es hijo de Odín, la máxima autoridad del panteón escandinavo, y de Frig, diosa del amor y la fertilidad. Un día, Bálder soñó que iba a morir (1). Los dioses de la familia de los ases se inquietaron y el mismo Odín cabalgó hasta el Niflhel, en infierno más profundo del Helheim, los dominios de Hel, la reina de los muertos, en busca de algún signo premonitorio. Allí interrogó a una misteriosa bruja, pero solo consiguió saber que Bálder moriría a manos de su hermano Hod (2). Tras reunirse en consejo, los ases decidieron entonces pedir a todos los peligros que jurasen que jamás harían daño a Bálder. Tan solo quedó sin prestar el juramento el Muérdago, ya que Frig lo consideró inofensivo dada su juventud.

Los ases estaban tan contentos por haber salvado a Bálder que, reunidos en consejo (Thing), decidieron festejarlo a la vikinga, es decir, celebrando una fiesta colosal. Entre risas, los dioses empezaron a lanzar objetos contra Bálder para probar su invulnerabilidad. Uno tras otro, los objetos chocaban contra el cuerpo del dios sin hacerle mella alguna.

A Loki, dios del engaño y la traición, no le gustó nada que Bálder pudiera eludir su muerte y, disfrazado de mujer, consiguió que Frig le desvelase que el muérdago no había realizado el juramento. Cuando le tocó lanzar algo a Hod, el hermano ciego de Bálder, Loki cambió la flecha por una rama de muérdago y, sin que nadie lo advirtiese, guió el tiro mortal. Bálder cayó muerto al suelo ante la consternación e incredulidad de los dioses. En el sagrado lugar del consejo, nadie podía tomar venganza, pero poco después Odín y la giganta Rindr tuvieron un hijo, Vali, quien, después de llegar a la edad adulta en un solo día, dio muerte al pobre Hod quemándolo en una hoguera.

Todos los dioses acudieron entristecidos al funeral de Bálder. Entre otros, allí se encontraban Odín con Frig, acompañados de las valkirias, las doncellas guerreras que recogen a los muertos en batalla. Frey, señor de la vegetación, llegó en su carro tirado por el verraco Gullinbursti, que resplandece por la noche. Héimdal llegó a lomos de su caballo; y Freya, diosa del amor, conducida por sus gatos. Incluso, desde el lejano y helado Jötunheim acudieron muchos gigantes de la escarcha, los grandes enemigos de los ases.

Como era costumbre entre los vikingos, subieron el cadáver del dios a su barco, el Hringhorni, el más grande jamás construido, para que lo condujera a los lúgubres dominios de Hel. Dejaron el cuerpo sobre una pira y luego embarcaron también su caballo y sus bienes más preciados. Además, Odín dejó un anillo de oro llamado Dráupnir que era mágico y cada nueve noches generaba otros 9 anillos.

Luego trataron de botar el barco al mar, pero no consiguieron moverlo. Fueron entonces al Jötunheim en busca de una bruja giganta llamada Hyrrokkin, la cual vino al funeral montada sobre un monstruoso lobo conducido con una víbora a modo de riendas. Cuando descabalgó fueron necesarios hasta cuatro bersekir, guerreros furiosos, para dominar a la bestial montura.

La bruja giganta Hyrrokkin a lomos de su lobo, al que guía con riendas que son serpientes. Piedra DR284 del Monumento de Hunnestad (Hunnestadsmonumentet), en Marsvinsholm, al sur de Suecia.

Sin esfuerzo alguno,Hyrrokkin echó el barco al mar y, de la fricción, los troncos que servían de rodillo se incendiaron. Por una razón extraña, aquello enfureció a Thor y casi mata a la bruja con su Mióllnir si todos los dioses no lo hubieran impedido. Aún furioso, Thor santificó la pira funeraria en la que reposaba Bálder y la dio fuego. La esposa de Bálder, Nanna, enloqueció entonces de dolor y se arrojó a la pira en llamas. En ese momento un enano llamado Lit se acercó a Thor y el dios lo arrojó también a las llamas de un puntapié.

Frigg prometió todo su amor y aprecio a quien fuera capaz de traer a Bálder de vuelta entre los vivos desde las mansiones de Hel. Hérmod, hermano de Bálder, no se lo pensó dos veces y a lomos de Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, se lanzó en su busca.

Después de nueve noches de viaje y atravesar el río Giol, donde se encontró con la giganta Modgud, que custodia el acceso al Helheim, siguió rumbo hacia el norte y hacia abajo hasta que llegó al reino de Hel. De un salto, Sleipnir cruzó la verja que protegía el espantoso lugar. Hérmod descabalgó y se dirigió hacia una casa donde se encontró con su hermano y su esposa. Pasó la noche con ellos y a la mañana siguiente pidió a Hel que les dejara volver con los dioses. Hel accedió a cambio de una condición: si todas las cosas del mundo, vivas o muertas, lloraban su pérdida, permitiría que Bálder regresara entre los vivos. Bálder le devolvió a Hérmod el anillo Dráupnir para que se lo entregara a Odín como presente y Nanna un paño y otros regalos para Frig.

A su regreso, Hermod informó a los ases y fueron a recorrer el mundo para pedirle a todas las cosas que lloraran la muerte de Bálder. Ya casi lo habían conseguido, tan solo les faltaba convencer a una bruja llamada Tok, que vivía en una cueva. Sin embargo, Tok se negó a lamentarse por Bálder, pues en realidad era Loki disfrazado, y el hermoso dios tuvo que quedarse en el reino de los muertos.

En general, la muerte Balder resulta complicada de interpretar. Enrique Bernárdez (3) piensa que la interpretación más plausible pasa por relacionarla con algún tipo de ritual de las sociedades guerreras germanas:

Esta interpretación ve en la muerte y resurrección de Baldr un falso sacrificio, el completo rito de iniciación de un joven guerrero. Sabemos que tales ritos existían, pues incluso Tácito lo menciona. Aquí podemos tener un ritual con las siguientes partes: (1) el neófito es sometido a un ataque masivo de los guerreros adultos; (2) muere figurada y ritualmente (3); recibe un sepelio igualmente ritual, en el que se le entrega su primer brazalete de guerrero; (4) nace a la nueva vida de guerrero adulto. Todo esto es plausible y habitual, a la vista de cómo son estos rituales en otras culturas y a partir de un breve comentario de Tácito, quien en el capítulo 24 de Germania nos cuenta cómo los jóvenes germanos se entretienen saltando y bailando entre lanzas y espadas para así probar su valor.

Sin embargo, aunque esta explicación es sugerente, como el propio Bernárdez señala:

Hay demasiadas cosas pendientes de explicación; el papel de Loki como instigador, por ejemplo, que introduce un cambio poco comprensible en sus maldades de trickster, siempre menos dramáticas y decisivas (4).

Además, esta hipótesis no cuadraría con la versión de la muerte de Bálder que aparece en la Gesta Danorum de Saxo Gramático, otra referencia importante para conocer la mitología escandinava. En ella se cuenta que los hermanos Hoterus y Balderus se enfrentaron porque Bálder quiere quedarse con la esposa de Hoterus, Nanna.

En cualquier caso, aún no vamos a aventurar más hipótesesis porque nos falta por recordar que Bálder al final sí que resucitará, pero será al final de los tiempos, cuando casi todos los dioses mueran durante el Ragnarok.

(Continuará…)

Notas

1. La fuente principal de la historia de Bálder, que difiere de la versión de Saxo Gramático, se encuentra en La alucinación de Gylfi (Gylfaginning), uno de los libros del Edda Menor de Snorry Stúrluson. Aquí transcribo la traducción de Luis Lerate. Alianza Editorial, 2008.

48. Entonces dijo Gangleri: -Gran hazaña fue la que Tor llevó a cabo en aquella ocasión. ¿Pero hay alguna otra historia más sobre los ases?

El Alto respondió: -Una historia puedo contarte sobre algo que tuvo mayor importancia para los ases. Este relato comienza con que Bálder el bueno soñó grandes y torvos sueños que presagiaban su muerte. Cuando les contó aquellos sueños a los ases, éstos celebraron consejo y se decidió pedir a todos los diferentes peligros que respetaran a Bálder. Frig les tomó juramento, que respetarían a Bálder el fuego y el agua, el hierro y todos los metales, las piedras, la tierra, la madera, las enfermedades, los animales, las aves, el veneno y las serpientes. Cuanto estuvo esto hecho y acordado, Bálder y los ases tuvieron una diversión, y fue que él se colocó en medio del consejo, y todos los demás se pusieron unos a dispararle, otros a golpearle, otros a tirarle piedras; pero hicieran lo que hicieran no le lastimaban, y todos consideraban aquello un gran honor para él.

Pero cuando vio esto Loki, hijo de Láufey, a él no le gustó que Bálder no sufriera daño. Marchó a Fensálir en busca de Frig tomando la apariencia de una mujer. Frig le preguntó entonces a aquella mujer si sabía que estaban haciendo los ases en el consejo. Ésta le respondió que todos le disparaban a Bálder y cómo él no sufría daño. Entonces dijo Frig: «¿Todas las cosas cosas han prestado juramento de respetar a Bálder?» Entonces respondió Frig: «Un tallo hay que crece al oeste del Valhalla y que se llama muérdago; éste me pareció muy joven para exigirle el juramento». Luego se marchó la mujer, y Loki cogió el tallo de muérdago y lo arrancó y se fue al consejo. Hod era el que estaba más afuera del corro porque era ciego. Entonces le dijo Loki: «¿Por qué no le disparas tú a Bálder?». Él respondió: «Porque no veo dónde está Bálder, y además no tengo ningún arma». Entonces dijo Loki: «Haz también tú igual que los demás y honra a Bálder como hacen los otros. Yo te indicaré dónde está. Arrójale esta vara». Hod cogió el tallo de muérdago y se lo arrojó a Bálder guiado por Loki. Aquel disparo atravesó a Bálder, que cayó muerto al suelo, y ésta ha sido la mayor desgracia que ha sucedido entre los dioses y los hombres.

Cuando Bálder cayó, todos los ases se quedaron sin habla y ni siquiera acertaron a echarle una mano; se miraron unos a otros y todos pensaron lo mismo sobre quién había sido el culpable, pero no podían tomar venganza, pues era aquél un lugar muy sagrado. Cuando los ases intentaron hablar, entonces fue llanto lo que salió, de modo que ninguno podía decir su pena a los otros con palabras. Odín sufrió más que nadie por esta desgracia por ser él quien mejor comprendía la gran merma y pérdida que suponía la desaparición de Bálder. Cuando los ases se calmaron, habló Frig y preguntó cuál de los ases quería ganarse todo su amor y aprecio tomando el camino al Hel a ver si lograba encontrar a Bálder y le ofrecía rescate a Hel, si ella permitía que Bálder regresara al Ásgard. Fue el llamado Hérmod el rápido, un hijo de Odín, quien estuvo dispuesto a hacer el viaje. Se sacó entonces a Sléipnir, el caballo de Odín, y Hérmod montó en aquel caballo y echó a correr.

Los ases cogieron entonces el cuerpo de Bálder y lo llevaron a orillas del mar. Hringhorni se llamaba el barco de Bálder; era un barco muy grande, y los dioses trataron de echarlo al agua para que Bálder partiera en él sobre la pira funeraria, pero el barco no se movió de su sitio. Se envió entonces al Jotunheim por una bruja de allá que se llamaba Hyrrokkin, y ésta vino montada sobre un lobo y con una víbora a modo de riendas. Cuando se bajó de su montura, Odín llamó a cuatro bersekir para que sujetaran al animal, pero no lo pudieron dominar hasta que no lograron derribarlo. Hyrrokkin se fue entonces para la proa del barco y al primer tirón lo sacó afuera, y de tal manera, que los rodillos se incendiaron y tembló toda la tierra. A Tor le dio rabia entonces y agarró el martillo, y le habría machacado la cabeza, si todos los dioses no le hubieran pedido que la dejara. El cuerpo de Bálder fue llevado al barco, y al ver aquello su esposa Nanna, hija de Nep, estalló de dolor y se murió; también a ella se la puso sobre la pira, y luego se le prendió fuego. Allá estaba Tor y santificó la pira con el Mióllnir. Ante sus pies apareció entonces corriendo un enano –Lit se llamaba– y Tor le dio un puntapié y lo lanzó al fuego y allá se abrasó. A aquella quema acudieron muchas clases de gentes. En primer lugar hay que citar a Odín, que fue con Frig y las valkirias y sus cuervos; Frey llegó en su carro tirado por el verraco Gullinbursti o Slidrugtanni; Héimdal llegó en el caballo que se llama Gulltopp, y Freya conducida por sus gatos. También acudieron muchos gigantes de la escarcha y de las montañas. Odín puso en la pira un anillo de oro llamado Dráupnir; tenía éste una virtud y era que cada nueve noches goteaban de él otros anillos de oro de su mismo peso. También el caballo de Bálder fue llevado a la pira con todos sus arreos.

En cuanto a Hérmod hay que decir que cabalgó nueve noches por oscuros y profundos valles, de modo que no vio nada hasta que llegó al río Giol y lo cruzó por el puente del Giol: éste está recubierto con oro brillante. Módgud se llama la muchacha que guarda el puente. Ella le preguntó su nombre y de qué gente era, y dijo que el día antes habían pasado a caballo por el puente cinco tropeles de hombres muertos, «pero no resuena menos el puente al pasarlo tú solo, y no tienes el color de los muertos. ¿Por qué vas por el camino al Hel?». Él le respondió: «Voy al Hel en busca de Bálder. ¿Has visto tú pasar a Bálder por el camino al Hel?». Ella le dijo que sí había cruzado Bálder el puente del Giol. «Y el camino al Hel sigue ahora para abajo y hacia el norte».
Hérmod siguió cabalgando hasta que llegó ante las verjas del Hel. Se bajó entonces del caballo y le ajustó la cincha, volvió a montar y metió espuelas: el caballo dio un salto tan grande sobre la verja, que ni siquiera le pasó cerca. Hérmod se dirigió entonces a la casa y bajó del caballo, entró en la casa y allá vio a su hermano Bálder sentado en el banco de honor. Hérmod pasó allí la noche.

A la mañana siguiente Hérmod le pidió a Hel que dejara regresar a Bálder con él, y dijo cuánto llanto había entre los ases, pero Hel respondió que ahora iba a verse si Bálder era tan querido como se decía, «y si todas las cosas del mundo, tanto vivas como muertas, lo lloran, entonces volverá con los ases, pero se quedará en el Hel, si alguien no está de acuerdo y no quiere llorar». Entonces se levantó Hérmod, y Bálder lo acompañó afuera de la casa, y cogió el anillo Dráupnir y se lo entregó a Odín como recuerdo. Nanna le envió a Frig un paño y otros regalos más, y a Fulla un anillo de oro para el dedo. Hérmod hizo después el camino de regreso y regresó al Ásgard, y contó todas las cosas que había visto y oído.

Los dioses enviaron entonces mensajeros por todo el mundo para pedir que lloraran y saliera Bálder del Hel y así lo hicieron todos los hombres y demás seres vivos, y la tierra y las piedras y los árboles y todos los metales; y seguramente has visto tú mismo cómo lloran estas cosas cuando pasan de la escarcha al fuego. Cuando ya regresaban los mensajeros tras haber cumplido su misión, hallaron una cueva en la que había una bruja que dijo llamarse Tok. Ellos le pidieron que llorara para que Bálder saliera del Hel. Ella dijo:

Con lágrimas secas Tok llorará
el que Bálder se vaya en la pira;
ni vivo ni muerto el del Viejo me importa
¡que Hel al que tiene retenga!

Se supone que en realidad era Loki, hijo de Láufey, el que ha causado más males que nadie entre los ases.

2. Este viaje de Odín, que parece no servir para nada, se recoge en Los sueños de Bálder (Baldrs draumar), uno de los cantos del Edda Mayor. En la traducción de Luis Lérate (Alianza, 2007):

1. A reunirse en consejo corrieron los ases,
las diosas todas junta tuvieron:
de esto trataron los grandes dioes,
por qué tuvo Balder maléficos sueños.

2. Se levantó Odín, el viejo gauta,
y encima de Sléipnir puso la silla;
cabalgó para abajo hasta el Niflhel,
se topó con un can que del Hel salió.

3. Chorreante de sangre su pecho tenía
y al padre de ensalmos mucho le aulló;
Odín prosiguió –resonaba el camino–
y llegó a la morada, la alta, de Hel.

4. Tiró ante la entrada Odín para el este,
donde él enterrada a la bruja sabía:
con lúgubre ensalmo cantó a la adivina,
que tuvo que alzarse y muerta le habló:

5. «Qué hombre es éste que yo no conozco,
que me hace venir en penoso viaje?
Me nevaba la nieve, me caía la lluvia,
me mojaba el rocío: llevo mucho de muerta».

6. «Végtam [El acostumbrado a los caminos] me llamo, soy hijo de Váltam [El que tiene trato con los muertos];
desde el Hel di tú, digo yo desde el mundo:
¿para quién se sembraron los bancos de anillas?
¿para quién se cubrieron, hermosos, de oro?».

7. «Hecho está ya el hidromiel para Bálder,
la clara bebida que escudo tapa.
Terrible temor a los ases agobia.
A la fuerza hablé, callaré yo ahora».

8. «No calles, oh bruja, que entera respuesta
quiero de ti, que me cuentes todo:
¿quién ha de ser el que a Bálder mate
Y al hijo de Odín le quite la vida?».

9. «Por obra de Hod nos vendrá el excelso,
él ha de ser el que a Bálder mate
y al hijo de Odín le quite la vida.
A la fuerza hablé, callaré yo ahora».

10. «No calles, oh bruja, que entera respuesta
quiero de ti, que me cuentes todo:
¿Quién esa muerte de Hod vengará
y a la pira echará al matador de Bálder?».

11. «Vali al oeste de Rind nacerá,
el que, hijo de Odín, peleará con un día:
ni lavará sus manos ni peinará su cabeza
hasta echar a la pira al matador de Bálder.
A la fuerza hablé, callaré yo ahora».

12. «No calles, oh bruja, que entera respuesta
quiero de ti, que me cuentes todo:
¿cuáles doncellas habrán de llorarlo
altos sus velos lanzando al cielo?».

[La bruja descubre de pronto que su interlocutor es Odín, no se sabe por qué, y le ordena marcharse]

13. «¡No eres tú Végtam, aquel que creí:
Odín eres tú, el viejo gauta!».
«No eres tú bruja ni sabia adivina:
madre de ogros, de tres, tú eres!».

14. «¡Ya márchate, Odín, y bien satisfecho!
Nadie ya más a verme vendrá
hasta el día en que Loki se libre y suelte
y les llegue a los dioses su ocaso final».

3. Enrique Bernárdez. Los mitos Germánicos. Alianza, 2002.

4. El pasaje de la Germania de Tácito al que hace referencia Bernárdez es este:

XXIV. Sus fiestas y juegos son siempre unos mismos en cualquiera junta. Algunos mancebos desnudos que tratan de este juego, se arrojan, saltando, entre las espadas y frameas. El ejercicio les ha dado el arte; y el arte, la gracia; pero no lo hacen por ganancia o salario, aunque es precio y paga de aquella su temeraria lozanía el gusto y aplauso de los que lo miran. Es mucho de maravillar que jueguen a los dados cuando no están bebidos, considerándolos como una ocupación seria; y lo hacen con tanta codicia y temeridad en ganar y perder, que cuando les falta qué jugar, la última parada y apuesta es la libertad y el cuerpo. El vencido se hace esclavo de su propia voluntad; y aunque sea más mozo y más robusto, se deja atar y vender; que tanta obstinación tienen en cosa tan mala, que ellos llaman cumplimiento de la palabra empeñada. Truecan de buena gana los esclavos de esta calidad, por librarse también de la vergüenza que causa tal victoria.

5. Sobre la muerte de Bálder, hay un artículo muy bueno que se puede leer on line: Francisco Javier Muñoz Acebes. El Dios que muere en la mitología germánica: Estudio, fuentes e interpretaciones en torno a Baldr. En Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones. 2003, 8.

Dédalo y Völundr


Por diversos indicios podemos suponer que el personaje mitológico Dédalo está vinculado con el mundo de los herreros y que, probablemente, viajó con ellos a medida que se fueron extendiendo los metales por Europa. Además, conocemos por lo menos un caso seguro en el que se identifica a Dédalo con Völundr (o Wieland) el dios escandinavo de la metalurgia (el mito de la Völundr hus).

Hay otro caso en el que se advierten semejanzas entre Völundr y Dédalo. Se narra en una antigua leyenda escandinava conocida como El cantar de Völundr (Volundarkviđa), que se recoge en el Edda Mayor, una recopilación medieval de poemas escandinavos cuya antigüedad se remonta a siglos atrás.

Según esta leyenda, el rey de los lapones tenía tres hijos que se dedicaban a esquiar y cazar animales. El primero se llamaba Slágfid, el segundo Égil y el tercero Völundr. Durante sus viajes llegaron a Ulfdálir («Los valles del lobo») y construyeron allí una casa.

Una mañana descubrieron en la orilla de un lago cercano a tres mujeres con apariencia de cisne que estaban hilando lino. Eran valkirias y el que estuvieran tejiendo lino las relaciona con las nornas (1). Dos de ellas eran hijas del rey Hlódver: Hládgud Svánhvit («la blanca como el cisne») y Hérvor Álvit («la llena de ciencia»); y la tercera, Olrin, era hija de Kiar el de Válland (2). Cada hermano tomó por esposa a una mujer cisne: Slágfid se casó con Svánhvit, Égil con Olrin y Völundr con Álvit.

Después de siete años viviendo juntos, las mujeres cisne sintieron nostalgia de las tierras del sur desde donde habían llegado y se fueron volando. Los dos hermanos mayores se fueron en su busca, pero Völundr se quedó en Ulfdálir con la esperanza de que su esposa regresara algún día. Para regalárselo cuando volviera, talló un collar magnífico formado por 700 anillas de oro.

Cuando Nídud, el rey de Suecia, se enteró de que existía un collar tan espléndido mandó a sus hombres que se lo trajeran. Aprovechando que Völundr había salido de su casa, los soldados entraron y encontraron el collar. Sin embargo, no se atrevieron a robarlo y se limitaron a llevarse una anilla. Al regresar, Völundr se dio cuenta de que faltaba una anilla pero pensó que, ya de vuelta, se lo habría llevado su mujer Álvit. Mientras la esperaba, se quedó dormido y los soldados le aprisionaron.

Para impedir que huyera, Nídud ordenó que le cortaran los tendones y que lo abandonaran en un islote enfrente de la costa llamado Sevarstad («El enclave del mar»). Además, se quedó con su espada y dio la anilla de oro a su hija Bódvild.

Tan solo el rey se atrevía a ir hasta Sevarstad, donde Völundr permanecía prisionero fabricando todo tipo de piezas valiosas. Pero Völundr no se dio por vencido. Durante las noches, construyó unas alas y realizó unas alhajas que atrajeron la atención de los dos hijos de Nídud. Los hermanos fueron en secreto hasta el islote y Völundr aprovechó que estaban mirando embelesados el interior de un arca para cortarles la cabeza. Con sus cráneos talló dos copas recubiertas de plata y se las entregó al rey; con sus ojos, piedras preciosas que envió a la reina; y con sus dientes, broches preciosos que regaló a Bódvild. Luego arrojó sus cuerpos al foso del palacio de tal manera que solo sobresaliesen sus piernas y todos pensaron que los niños habían muerto al caer por descuido.

Días después, a Bódvild se le rompió la anilla de oro y fue hasta el islote para que Völundr la arreglase. El herrero se mostró muy cordial. Le ofreció un vaso de cerveza, Bódvild bebió confiada y cayó dormida víctima de un narcótico. Völundr aprovechó para violarla, dejándola embarazada, y luego salió volando con las alas que había construido.

Antes de irse, se acercó al palacio de Nídud y, a cambio de que le prometiese que no haría daño a Bódvild, le contó la terrible verdad sobre la muerte de sus hijos mientras se marchaba volando entre carcajadas.

Como vemos, las desventuras de Völundr recuerdan a las de Dédalo en Cnosos. Algunos parecidos y diferencias son:

a) Dédalo también debía trabajar para Minos, aunque llegó a la isla por su propio pie, exiliado de su Atenas natal por el asesinato de su sobrino Pérdix.

b) Cuando descubrió que había ayudado a Ariadna y Teseo, Minos encerró a Dédalo en el laberinto, que equivaldría al islote de Sevarstad.

c) Völundr se muestra mucho más cruel que Dédalo, pero hay que tener en cuenta que entre los vikingos la venganza violenta no estaba mal vista. Cuando no podían o querían llegar a un acuerdo económico que compensase las pérdidas, era normal que las familias se enfangasen en largas venganzas durante años.

d) Aunque esta coincidencia no parece relevante, Völundr y Dédalo tienen un hijo en la corte del rey: Völundr con Bódvild, sin su consentimiento, y Dédalo con Náucrate, una esclava de la que no sabemos nada más que fue la madre de Ícaro.

e) Nídud mutila a Völundr, mientras que Minos se limita a encerrar a Dédalo sin hacerle daño. Sin embargo, el dios de los herreros Hefesto, que guarda una estrecha relación con Dédalo, sí que se había quedado cojo desde que Zeus lo despeñó desde lo alto del Olimpo. De todas maneras, en general, los personajes mitológicos vinculados con el mundo de los herreros suelen ser cojos, lo cual quizá esté relacionado con la costumbre de lisiarlos para que no se fueran a otro lugar.

f) Pero el parecido más importante es que los dos destacan por sus habilidades artesanas y su ingenio, y que escapan volando de sus respectivos captores, unos reyes tiránicos e injustos (3). Es improbable que esta similitud sea fruto de la casualidad.

Por lo tanto, parece que Völundr y Dédalo presentan las suficientes semejanzas para pensar que están relacionados. Sin embargo, no está claro el origen de este nexo. ¿Derivan ambos de un dios de los herreros que se extendió por Europa durante la incorporación de los metales? ¿Adaptaron los germanos algunos pasajes del mito de Dédalo a su propio dios de los herreros cuando entraron en contacto con los romanos? ¿Se produjo esta confusión durante la cristianización de Escandinavia, hacia el siglo XI, cuando gracias a los monjes cristianos se empezaron a conocer los mitos griegos?

Para responder esta cuestión, dada la escasez de textos sobre Escandinavia y los germanos antes de la llegada del cristianismo, debemos acudir a la arqueología y ver si existe alguna representación de esta historia de Völundr que nos permita situarla en alguna época.

La representación más antigua que conozco se encuentra en un fragmento de la llamada piedra Ardre VIII, una piedra tallada con dibujos e inscripciones vikingas datada entre los siglos VIII y IX. Esto significa que la conexión entre Völundr y Dédalo puede remontarse, cuanto menos, hasta época vikinga: ¡fascinante!

Arder

Fragmento de la Ardre VIII. Swedish Museum of National Antiquities. Estocolmo. De izquierda a derecha vemos a Bódvild, luego a Völundr con sus alas, su herrería y, por último, los dos hermanos muertos.

Notas

1. Según el Edda Menor, había tres nornas principales relacionadas con los seres humanos –Urd, Verdandi y Skuld–, pero además había otras nornas de las familias de los dioses, de los seres humanos, de los elfos y de los enanos. Parece ser que los vikingos creían que todo el mundo tenía asociado una norna, que podía ser buena o mala, que tejía su destino al nacer.

2. Luis Lérate señala la posibilidad de que este nombre estuviera relacionado con César el de la Galia.

3. En la Historia de los reyes de Britania, escrita hacia el año 1130, el obispo galés Geoffrey de Monmouth menciona otra persona habilidosa que se construyó unas alas, el mítico rey Bladud, aunque en su caso el intento de volar terminó fatal:

«Este Bladud fue un hombre extremadamente ingenioso e introdujo las artes mágicas en Britania. No dejó de llevar a cabo prodigios hasta que, habiéndose fabricado unas alas, trató de levantarse por los aires y cayó sobre el templo de Apolo, en Trinovanto, haciéndose trizas».

Curiosamente, Bladud, cuyo nombre recuerda al de Dédalo, también destacó por sus labores de ingeniería hidráulica (recordemos que Dédalo construyó una piscina y unas termas en Sicilia):

«Sucedió a Hudibrás su hijo Bladud, que gobernó por espacio de veinte años. Construyó la ciudad de Kaerbadum, que ahora se llama Bath, e instaló en ella termas de uso público bajo la advocación de Minerva, en cuyo santuario dispuso fuegos inextinguibles que no se convertían nunca en cenizas, sino que, cuando empezaban a consumirse, se volvían bloques de piedra [¿lava?]».

(Traducción de ambos fragmentos de Luis Alberto de Cuenca y Prado en Alianza Editorial, Biblioteca Artúrica).

4. El cantar de Völundr puede leerse en la traducción de Luis Lérate. Edda Mayor, Alianza Editorial, Madrid, 1986.

* Artículo publicado originalmente en www.mmfilesi.com

El Laberinto


Hace ya tiempo que no actualizo nada de este blog. La razón es que durante el último año he estado muy liado preparando un libro que acaba de publicarse: El laberinto, historia y mito. Puedes encontrar información sobre el libro en un nuevo blog que acabo de estrenar, El laberinto (^^ eso es originalidad, eh?). Está en: www.mmfilesi.com


Minos, ese patán


Los griegos tenían una percepción contradictoria del rey Minos. Por un lado –sobre todo en las fuentes más antiguas, como Homero– aparece como un sabio, un gran legislador de tan alta fama que junto con su hermano Radamantis se encarga de legislar el reino de los muertos. Hijo y confidente de Zeus, se le hacía el primer gran rey de la historia, fundador de ciudades, azote de piratas, señor de los mares: todo lo cual quizá sea recuerdo del apogeo minoico, la primera civilización europea. Pero al mismo tiempo se le muestra como un mentecato orgulloso: peca de hybris (arrogancia) frente a Poseidón, su mujer le engaña con un toro y encima le maldice de una forma espantosa, su hija le deja por un extranjero, sin saber bien qué ha sucedido con su hijo Androgeo organiza una campaña militar contra todo el Ática, se muestra ingrato con Poliidoro, le dan furibundos celos los logros de Radamantis, pierde la cabeza por las mujeres, Dédalo le toma el pelo, Teseo consigue derrotarle, muere ¡en la bañera! a manos de unas adolescentes… en fin, es un auténtico desastre.

De hecho, en el Minos de pseudo Platón ya se señalaba esta contradicción en un diálogo clave para intuir cómo percibían a Minos en la Atenas clásica. Sócrates le explica a un anónimo discípulo que de Minos tenían muy alta concepción Homero y Hesíodo, como prueba, entre otras cosas, que le hicieran tan amigo de su padre Zeus, al que consultaba una vez cada nueve años. Entonces, le pregunta perplejo el discípulo:

«Discípulo. –Entonces, Sócrates, ¿por qué se ha difundido esta fama de Minos como persona ignorante y cruel?

»Sócrates. –Por la misma razón por la que tú, mi buen amigo, y cualquier otra persona que tenga interés en mantener su buena reputación, te guardarás muy mucho de hacerte odioso a ningún poeta. Pues los poetas tienen mucho poder en el prestigio de las personas, según el sentido en que compongan sus poemas, elogiando o hablando mal de la gente. Es precisamente en eso en lo que cometió un error Minos, haciendo la guerra a esta ciudad [Atenas], en la que, entre una gran cantidad de sabios, hay también toda clase de poetas de todo género, y especialmente trágicos» [1].

Y también Plutarco se hace eco de esta contradicción entre el Minos que nos cuentan los antiguos mitos y la imagen que había quedado de él tras su paso por la Atenas clásica:

«Parece, pues, que es realmente grave ser mal visto por una ciudad que tiene voz y arte. Así Minos siempre ha sido zaherido e insultado en los teatros áticos, y ni Hesíodo le sirvió de ayuda al llamarle con el epíteto de “el más regio”, ni Homero con el de “íntimo de Zeus”, sino que prevalecieron los trágicos difundiendo desde el estrado y la escena mucha infamia contra él, como si hubiera sido cruel y violento». (Vidas paralelas, Teseo, 16, 3)

Así pues, podemos imaginarnos ya un poco mejor qué pensaban en Atenas, motor de la cultura griega, cada vez que Minos aparecía en una narración. Los eruditos, como Tucídides, podían reconocerle una aureola de prestigio por su condición de monarca y legislador, pero parece ser que para la mayoría era el malvado de la película. Parte de sus acciones se explican, por tanto, por su propia naturaleza. Es al despótico Minos, y no al Minotauro, a quien hay que derrotar. Minos es un arrogante rey injusto, uno que pierde toda dignidad por ir detrás de las mujeres, es de torpe inteligencia, ingrato. Sí, los cretenses podrían disfrutar de un pasado legendario, alardear de su isla, cuna de dioses, pero su monarca más renombrado es un auténtico patán, todo lo contrario que el héroe por excelencia de Atenas, Teseo.

Y lo que es aún más importante: en el siglo V a.C. Esparta, la archienemiga de Atenas, se vanagloriaba de que su Constitución era de origen cretense. Así, por ejemplo, dice Plutarco refiriéndose a Licurgo, el proverbial legislador espartano:

«De este modo partió y, primeramente, llegó a Creta. Y tras conocer las instituciones de allí y entrar en contacto con los hombres de fama más sobresaliente, de unas leyes sintió admiración y las tomó con la idea de trasladarlas a la patria y servirse de ellas, a otras no les dio importancia» [2].

Por tanto, podríamos inferir que los atenienses no solo estaban caricaturizando el pasado mítico de los cretenses, sino también (¿y sobre todo?) el de los espartanos. Esparta, que tan orgullosa se mostraba de sus férreas leyes, de su sabio Licurgo, debía su organización al más patán y cruel de los monarcas, a Minos, al gran derrotado por los dos atenienses Teseo y Dédalo. Y este detalle, seguro, no escapaba a los sagaces ciudadanos de Atenas, donde el reflexionar sobre cada matiz de un mito o discurso era costumbre desde el alba hasta el anochecer.

Notas

[1]. Pseudo Platón. Minos, 318 y ss.
Traducción de Juan Zaragoza y Pilar Gómez Cardó. Madrid, Gredos, 1992

[2]. Plutarco, Vidas paralelas, Licurgo 4, 1.
Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. Gredos, Madrid, 2000

// Entrada original publicada en mi web: www.mmfilesi.com

La verdadera historia…


Ya está publicado el último libro de Daniel Tubau, La verdadera historia de las sociedades secretas. Lejos de las conspiranoias, pero reconociendo el peso que algunas de estas sociedades han tenido en el devenir histórico, en este documentado ensayo Tubau nos describe con su habitual buen humor las principales sociedades secretas desde la Antigüedad al mundo contemporáneo.

Entre las diversas virtudes del libro me gustaría destacar la lucidez con que criba la extenuante información que existe sobre las sociedades secretas más afamadas. Incluso para quien cuenta con ciertos conocimientos históricos, es tal el ruido que rodea a templarios, masones o rosacruces, por ejemplo, que resulta imposible saber algo de ellos sin tropezar con textos disparatados que nos desvían del rigor histórico. Sin embargo, el libro de Tubau nos conduce por la espesura de la especulación trivial, separando las hipótesis de los hechos, la ficción de la realidad, para mostrarnos las sociedades secretas tal cual eran, con sus luces y sus sombras.
Por otro lado, como siempre sucede con la obra de Tubau, paradigma de inquietud renacentista, los temas se entremezclan y a partir del microcosmos de una sociedad secreta nos propone un sinfín de reflexiones sobre materias tan apasionantes como la Cábala, la magia o el hermetismo.

En suma, este delicioso ensayo, que se lee en un santiamén y que despierta el apetito por la investigación, resulta imprescindible para todo aquel que quiera conocer la verdadera historia de las sociedades secretas y su influencia en el desarrollo de nuestra historia, de nuestra cultura.

Da non perdere

Contextos


En los últimos meses he estado muy atareado y he dejado algo descuidado el blog. Aún me queda un mes intenso de trabajo, pero iré poniendo notas breves que espero poder desarrollar cuando ande más desahogado.

Suele ser habitual dar por sentado que la percepción moral que tenemos hoy en día sobre algunos personajes y situaciones míticas sea la misma que había antaño; pero siempre conviene bucear por las fuentes para comprobarlo. Dos ejemplos.

1. En El banquete, por boca de Fedro, quizá en clave de humor, Platón parece ironizar sobre Orfeo. En vez de ser un adalid del Amor que va en busca de su amada, sería un bellaco que no se atreve a ir con ella suicidándose:

«En cambio a Orfeo, el hijo de Eagro, le despidieron del Hades sin que consiguiera su objetivo, después de haberle mostrado el espectro de la mujer en busca de la cual había llegado, pero sin entregársela, porque les parecía que se mostraba cobarde, como buen citaredo, y no tuvo el arrojo de morir por amor como Alcestis, sino que buscó el medio de penetrar con vida en el Hades. Por esta razón, sin duda le impusieron también un castigo e hicieron que su muerte fuera a manos de mujeres».

2. En el Laberinto de Fortuna, Juan de Mena pone a Eneas entre los traidores pues (sin darse cuenta de que es obligado a marchar por los propios dioses) debería haberse quedado a luchar.

En este sentido, es fundamental manejar la Genealogía de los dioses de los gentiles de Giovanni Boccaccio para comprender la interpretación que de los mitos hicieron en el renacimiento.